[Ubicación: Región fronteriza – Instalación médica abandonada “Orquídea”] El lugar olía a humedad y químicos viejos. Las paredes estaban descascaradas, el techo apenas sostenido por vigas oxidadas, y la única fuente de luz era el sol filtrado entre las rendijas de las ventanas rotas. Beltrán caminaba entre charcos de agua estancada, su silenciador ajustado al arma por pura precaución. Aunque sabía que no venía a matar. No aún. Al fondo del pasillo, tras una puerta con un escudo médico borroso, lo esperaba el pasado. —Tardaste más de lo que pensaba —dijo una voz grave—. Pensé que vendrías antes, después de la carta. Beltrán apretó la mandíbula. —Me mentiste, Lucien. El doctor Castells, más encorvado y viejo que nunca, alzó la vista desde una mesa llena de frascos rotos y hojas con dat

