Las voces que duermen

710 Palabras

[Ubicación: Refugio subterráneo – Ala médica restringida] Cecil llevaba tres días sin salir de la habitación. No comía. No hablaba. Y cuando dormía, lo hacía con los ojos medio abiertos, como si una parte de él aún siguiera despierta, a la espera de algo que no terminaba de llegar. Mila entró con paso firme. En las manos llevaba la última carta de Jane y un análisis genético que había mandado hacer en secreto. —Cecil. Él la miró sin mover la cabeza. Tenía ojeras profundas y las muñecas cubiertas de vendas por rasguños que él mismo no recordaba haberse hecho. —Tengo que preguntarte algo. Y necesito que seas honesto. Él tardó en asentir. —¿Recuerdas cuando te encontraron por primera vez? —No. Solo trozos. Voces. Gritos. Una figura de blanco. Y luego oscuridad. —¿Esa figura era Simón

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