El sonido de voces enfurecidas me alteró, aun estaba oscuro y no veía nada, pero sentía.
Sentía mucho miedo.
Me erguí en el instante en que un fugaz hilo de luz atravesó la habitación. Este desapareció tan pronto como irrumpió en la penumbra.
´Él entro en silencio y me vio.
—¡Dante! ¡Explícame esto! —grito alguien en el pasillo, esa voz la había escuchado antes, no necesite mucho tiempo para saber que pertenecía a la pelirroja que días antes había estado en esta casa—. ¡Sal maldita sea!
En cuanto la idea de gritar tan fuerte como mis pulmones me lo permitieran paso por mi cabeza, una mano se apretó contra mis labios amortiguando cualquier sonido que pudiera salir de esta.
—No hagas ruido —susurro, su voz se escuchó ronca y atravesó mi cuerpo entero. "
Fuera de la habitación los gritos y pasos apresurados se alejaron hasta que todo regresó a su usual tranquilidad.
—Tranquilízate —susurro en mi oído.
"¿Qué?".
Trague duro.
Puse la mano sobre mi pecho porque en ese momento me sentía mal, como si fuera a vomitar todas las sensaciones que recorrían mi cuerpo. Alce el rostro para verlo solo porque podía percibir su mirada en cada parte de mí.
El alboroto y el ruido volvió al pasillo, esta vez eran distintas voces masculinas que parecían estar buscando a alguien, seguramente a esa pelirroja, que por lo que entendía, de alguna manera había logrado entrar a la casa sin ser invitada. Las voces se alejaron. Pensé en quitar a este hombre de enfrente y correr, quizá con toda la confusión de los guardias buscando a la intrusa, tendría una posibilidad.
Me tomo de la barbilla y me hizo acercarme un poco más.
—No servirá de nada —su voz acarició mis labios.
Era casi como si me leyera la mente.
—¡¿Qué haces?!—grite cuando me empujo contra la cama con él encima de mi, el miedo inundo mi torrente sanguíneo con ferocidad. Tomo mis caderas y me impidió moverme.
El ruido regreso como en una oleada, ella gritaba y ellos trataban de callarla y hacerla salir.
—¡Dante! Aparece cobarde... ¡Suéltenme malditos hijos de puta! ¡¿Como se atreven a tocarme?!
De nuevo las voces se alejaron, esta vez no volverían.
—Tú nombre es Dante —esa pelirroja lo había mencionado antes, pero hasta ahora le había prestado atención.
—¿Importa? —apretó su agarre.
Sostuvo mis manos con una de las suyas, restringió mi lucha con su peso mientras que con la otra mano inmovilizo mi rostro. Paralizada sentí sus labios atrapar los míos, con fuerza, con insistencia y aun así de alguna forma, con suavidad. Con ese mimo con el que el veneno líquido era capaz de entrar por entre los labios de su víctima.
Lo empuje con mi propio cuerpo, trate de morderlo, golpearlo, pataleé, sin que nada sirviera. Estaba desesperada, pero a él no parecía importarle, simplemente me calló con sus labios una vez mas. Era como perder una guerra.
—Lucha todo lo que quieras—dijo alejándose un poco, pero no lo suficiente. Abrí mis ojos viéndolo con odio. Podía escuchar el sonido de mi respiración agitada haciendo eco por todo el lugar.
—Eres un bastardo—acusé con rencor mientras su mano acariciaba mi rostro haciéndome sentir sucia—. ¿Por qué no solo me dejas ir? ¿Qué demonios podrías querer de mi?
La sonrisa que cruzo su rostro me dejo sin aliento. Su mano se enrosco en mi cuello, creando un maravilloso contraste entre la fuerza y la debilidad. Sus dedos se apretaron a mi alrededor, solo lo suficiente para dejar en claro que si así lo quería, apretaría hasta dejarme sin vida. Él podía hacerlo y si quería lo haría. Y por un segundo creí que eso seria todo, ni siquiera me moleste en pelear ¿Qué punto tendría? ¿agonizar lentamente? ¿darle el gusto de disfrutar de mis suplicas? No, yo no haría eso. Así que solo espere, rogué para que fuera rápido. Y ese breve instante fue mas aterrador que cualquier cosa.
El pensamiento de haberme dado por vencida empujo las lagrimas al exterior.
Sus manos se quedaron ahí, estancadas, mientras su dueño parecía satisfecho. Sus ojos eran fríos, su aliento se enredaba con el mío tiñendo ambos con odio.
" Él va ha acabar con migo".
Soltó mi rostro dejando que su mano se arrastrara por mi cuerpo hasta que por fin se detuvo. Lo vi con ojos llorosos.
Se inclino un poco más, esta vez aparte el rostro mientras sus labios rozaban el camino húmedo de las lagrimas que resbalaban por la pendiente de mis mejillas.
—Recuerda esta sensación. La forma en la que sabes que no vale la pena.
Su sonrisa asquerosa se dibujo en sus labios, como si lo que decía fuera gracioso.
—Vete al infierno — dije con la voz quebrada.
Contento con lo que había hecho, se fue, dejándome en la cama con una terrible sensación en el estómago.
No entendía. No lo entendía. No podía comprender como esto podía doler tanto.
[…]
¡...No...!
Me desperté desorientada mientras una angustia se extendía en mi pecho, donde los latidos de mi corazón retumbaban acelerados. Aun podía escuchar el eco de alguien gritando mi nombre. Pero lo sabía, sabia bien que solo era parte de un sueño, pero la sangre que escurría de mi cuerpo parecía tan real que tuve que respirar hondo y decirme a mi misma que nada de esto era cierto. Tuve que decirme a mi misma, que la sensación en mis dedos al deslizarse por la superficie roja y liquida en mis brazos, era una mentira.
"Sus ojos" .
Parpadeé confundida, aun podía verlos.
"Mis ojos".
Sus ojos eran lo único fijo en mi visión, verdes y sin vida, unos ojos como los míos.
No podía mas, el horror revivía y se volvía realidad. Estaba atrapada a la mitad de mi subconsciente como si no hubiera despertado aún.
"Esto no es real, no lo es, no, no..."
—¿No qué?
"Basta, solo es un sueño".
—No, es una pesadilla.
Algo me retuvo antes de perder la cabeza, pero no fue suficiente, no era capaz de hacerlo desaparecer. Por un momento creí que me ahogaría así que salí de la habitación y comencé a correr con el dolor golpeando en mi cabeza, como si algo quisiera abrirse paso al exterior.
Yo sabía que esto no era real. Y tanto como sabía que todo era producto de mi imaginación no pude evitar sentir desesperación.
Llegue a las escaleras y baje hasta la puerta de la entrada, la abrí aun con mis manos temblando. Mis ojos se cerraron ante el brillante sol de la mañana y no me dejo ver nada. Me vi cegada por un instante, pero no me impidió seguir avanzando.
"Huye".
Me repetía una y otra vez.
"Van a alcanzarte".
Corrí tanto como pude hasta que vi la reja de la entrada, me detuve en seco sintiendo al mundo caer sobre mí, era demasiado alta. Imposible de subir.
"Los recuerdo..."
—Señorita ¿se le ofrece algo? —mi mente se quedó en blanco.
Mire a mi derecha.
Un hombre se encontraba a mi lado, entre los rosales y arbustos de un jardín interminable. Recordaba haber visto ese sombrero de solapas desde mi ventana, nunca había logrado verle realmente la cara en los días que había pasado viendo al exterior.
Respire hondo.
—No, yo solo...
—¿Quiere que llame a los señores? —señalo en dirección a la casa.
"¿Señores?"
—¡No! —dije alterada. El hombre me vio extrañado esperando una explicación—. Yo solo, buscaba un lugar tranquilo.
—Si es así, esta en el lugar correcto.
Me sonrió con amabilidad y me hizo seguirlo. Era alto, con canas mezcladas con su cabello n***o y ojos oscuros pequeños. Sus manos estaban cubiertas por un par de guantes de jardinería y sostenía una pequeña pala.
El nerviosismo aun corría por mis venas mientras lo seguía y revisaba mis manos y brazos, ahí ya no había nada. El cosquilleo llamó mi atención, así que mire hacia abajo, estaba descalza.
Nos detuvimos y alce la mirada.
Tres sauces, grandes y seguramente de varios años de edad, se erguían poderosos frente a mí. Eran casi ficticios, sus ramas colgaban tocando el suelo, creando una especie de velo entre ellos y el mundo exterior.
—Es hermoso.
El hombre se marchó dejándome sola.
Tome asiento en un banco de madera al pie de uno de los árboles . El lugar olía a flores y naturaleza, me sentí nostálgica. A veces tenía la sensación de vacío, de estar olvidando algo importante, era un sentimiento tan familiar ahora, había crecido con el y para mal, este había crecido conmigo. Así como el enojo y la frustración de que mis primeros recuerdos fueran justo del momento en el que era abandonada por una mujer que seguramente no era mi madre.
Y las pesadillas, desde pequeña había tenido que soportar el pánico ante la oleada de rostros, voces, sangre, acercándose como un enjambre enfurecido hacia mi. Había tenido muchas veces sueños que se repetían y otros que no, pero este en particular se había quedado conmigo a través de los años, siempre igual. Siempre eran personas que me veían con ojos tan verdes como los míos, pero con una mirada perdida y fría, ausente. Y luego estaba la sangre en mis brazos y las personas llamándome y gritando mi nombre. Al final simplemente entendí que al despertar debía darle la espalda y olvidar tanto como pudiera. Pero habían pasado un tiempo desde la ultima vez que las ilusiones de mis sueños me perseguían aun luego de despertar, esta era la primera vez en años.
Me puse de pie lo más rápido posible en cuanto escuche los pasos de alguien resonando contra la tierra y aplastando la maleza.
Entre la espesura de las ramas del sauce apareció Amara. Sus ojos me veían con prudencia.
—El jardinero me dijo que estabas aquí.
—Entiendo.
—Me alegra que hayas salido de tu habitación —asentí, no tenia mucho que decir al respecto. Planeaba simplemente irme y encerrarme de nuevo, así que pase a su lado, pero me tomo por el brazo haciéndome retroceder—. ¿Desayunamos?
Mire la amable y pequeña sonrisa que me ofrecía. Probablemente tenia una oportunidad frente a mi.
"Quiero verte intentar".
No podría olvidar el peso de sus palabras tan fácilmente.
—Claro, desayunemos.