Capítulo 6. Una jaula sin cerradura

1996 Palabras
No sabía cómo había terminado aquí, pero me encontraba al fondo de un largo pasillo frente a unas escaleras empinadas que daban hacia una puerta descolorida en el techo. Sin nada que perder subí y la abrí, una especie de ático estaba tras esta, pero el olor me decía que nadie había entrado en años, el aroma a encierro quemaba mis ojos y nariz. El lugar era amplio, pero muy obscuro, todo lo que veía a través de mis ojos cristalizados por las lágrimas era una ventana al fondo por la que la luz entraba tanto como las capas de polvo se lo permitían. Sentí que ese momento era de las pocas cosas que me pertenecían, en medio de la oscuridad, sola y sin nadie que me viera, me lamente como la niña tonta que aún era. Cerré la puerta bajo mis pies y me senté a un lado de ella dejando caer los pedazos de mi alma al suelo. "Tienes que ser valiente, por que nadie lo será por ti. ". Las lágrimas salieron de mis ojos una tras otra tratando desesperadamente de borrar el dolor y el miedo, pero era una tarea inútil, apenas llevaba un día en esta casa y ya comenzaba a sentirme agotada. Llore hasta sentir que mi garganta se quemaba, hasta que mis ojos dolían y mi pecho se sintió vacío. Pero nada alivio mi miedo. Todo lo que podía hacer era pensar en regresar al hogar que había despreciado. Sentía que algo me tragaba lentamente, la culpa, esto era por mis decisiones y aún así no era capaz de afrontar las consecuencias de lo que había hecho.  Debí apreciar lo que tenía antes de hacerlo de lado. "Solo quiero regresar ". Eso fue lo último que pensé antes de que me engullera un mundo de pesadillas. [...] Desperté alterada, mi cabeza daba vueltas y el palpitante dolor en mis articulaciones me dejo inmóvil por un segundo. La sensación de peligro se desvaneció junto con los pedazos del horrible sueño que aun quedaban dentro de mi. Tenía la sensación de haber estado corriendo por mucho tiempo, pero era solo eso, una sensación abrumadora en mi pecho. Por mas que quise no logre recordar nada, ninguna imagen sólida o sonido. Sólo sabía que no había sido nada bonito ni bueno. Cuando estuve completamente consciente me percaté de que estaba temblando. El lugar se había vuelto más frío, gire para ver la pequeña ventana al fondo y supe que ya había anochecido, por que por esta ya no entraba nada de luz. No podía seguir más tiempo ahí, al menos que quisiera morir de frío. Me puse de pie y abrí la puerta en el suelo, mi nariz sintió casi de inmediato la diferencia en cuanto el aire fresco se hizo un hueco dentro del ático. Con cuidado comencé a bajar por las escaleras, sintiendo como la madera se quejaba por el peso extra que ponía sobre ella. Antes de olvidarlo cerré la puerta y baje los últimos escalones. Seguí el pasillo y giré al azar, no tenía idea de cuál era el camino correcto pero decidí que no tenía por que preocuparme, en algún momento encontraría la habitación. Luego de un buen rato comencé a preguntarme si estaba tan siquiera cerca, de día los pasillos me habían dado la impresión de ser un poco confuso pero de noche se volvía realmente difícil saber en donde estaba, todo parecía igual. O eso pensé hasta que por el rabillo del ojo me di cuenta de que la puerta a mi lado no tenía el mismo estilo de perilla que el resto, seguía siendo esférica pero más grande que el resto y sin decoración en el metal. Suspiré un poco más aliviada, aunque no sabía por qué, encontrar mi pequeña jaula no me ayudaba en nada. Abrí la puerta y sumergiéndome en la obscuridad busque la lámpara que estaba al lado de la cama. Al encenderla la luz iluminó el lugar y mi corazón latió con tanta fuerza que lo sentí en todo el cuerpo. Él se encontraba al lado de la cama, de brazos cruzados y recostado contra la pared. Sin embargo no pase por alto su mirada, igual de escalofriante que siempre. "Huye...". Corrí a la puerta, pero él la cerro en mis narices antes de que pudiera salir. Me quede viendo la madera, sintiéndome desesperada, rogando por que ese día acabará de una vez por todas. Él estaba cerca de mí, podía sentir el calor emanar de su cuerpo. Tomo mis muñecas y me dio la vuelta para tenerme de frente. —¡Suéltame! —mis lágrimas se acumularon en mis ojos de nuevo. Lo hizo y apoyo sus manos en la puerta detrás de mí, dejándolas a cada lado de mi cabeza. Acercó su rostro al mío y me hizo verlo mientras mi cuerpo temblaba de miedo. —Quiero que te quede una cosa clara, tú no tienes a donde escapar —sus ojos me demostraban el fuego quemándolo por dentro, por un momento creí poder quemarme también—. ¡Basta! —dijo enojado y sin alzar la voz—. Deja de temblar. —Eres un monstruo —susurre viéndolo. —Te aconsejo no probar mis límites, hoy me desobedeciste y lo deje pasar, pero la próxima vez no seré tan indulgente. —No necesito que me lo digas. —Oh claro que si y lo hare hasta que entre en esta cabecita tuya —presiono un dedo índice en mi frente. —Voy irme de aquí. —Quiero verte intentar. Me hizo a un lado y se fue. Limpie mis lágrimas y respire hondo, supe que esa amenaza había sido un ultimátum y no, no estaba lista para ir en contra de sus palabras. Pero esto no era mas que el comienzo de una guerra que se prolongaría hasta que uno de los dos ganara por que no me iba a rendir.  Podía llorar, podía temblar y sentir el sofocante miedo dentro de mi pecho, pero no iba a dejar de luchar. En algún momento encontraría una forma de escapar, aun así me llevara una vida. […] No lo volví a ver luego de esa noche. Los días pasaron lentamente mientras me mantenía reclusa dentro de la habitación, esperando la oportunidad de regresar al orfanato. Suspire, era extraño como una puerta sin llave era tan poderosa como una con mil candados, por que en verdad me sentía atrapada por las circunstancias, no quería salir, no deseaba encontrármelo, no ahora que no tenia una manera de contraatacar. Él estaba logrando su cometido, manteniéndome como un rehén por mi propia voluntad. Y aun cuando llevaba de forma metódica la cuenta de cada amanecer y atardecer, era más una tortura autoimpuesta que una forma de llevar el control y planear mi escape, luego de siete días de encierro creí que me volvería loca. No hacia mas que comer, dormir y pasar horas viendo hacia el jardín. Sin embargo el mayor problema era tener tanto tiempo para pensar. Era frustrante. Me preguntaba si la madre Loren se encontraba bien, si los niños estaban bien, si habrían adoptado a alguien en ese tiempo. Pero sobre todo me preguntaba si ellos estarían buscándome. Sonreí con nostalgia. Aun recordaba cuando era más pequeña, las monjas nos cuidaban con paciencia, incluso a mi, la pequeña que gritaba de noche y tenia pesadillas de las que después no recordaba nada, la niña que era demasiado tímida y lloraba por todo. La que había sido abandonada y no poseía nada, ni siquiera recuerdos. Cada vez que pensaba en ello caía en un pozo de culpa, me había ido por decisión propia y para qué, no había tenido el valor de leer la estúpida nota y luego simplemente la había dejado caer para terminar en este infierno. Y luego estaba la realidad, aún si las monjas estuvieran preocupadas, muchos niños se escapaban con frecuencia y regresaban a la calle. A la policía no le interesaban los huérfanos y menos aquellos que se habían marchado por que así lo habían querido. Suspire y deje que la cortina se acomodara en su lugar, el sol desaparecía y con el la vista del exterior. El día había sido una replica de los anteriores, pero me sentía demasiado cansada, solo quería que acabara rápido. Recosté mi cabeza en la almohada y rápidamente me quede dormida.                                               […] Abrí los ojos una vez más, acostada en la misma cama rodeada de las mismas paredes. Y como cada mañana, Amara entró a mi habitación con un simple "buenos días", dejando la bandeja con mi desayuno sobre la cama. A veces veía la comida en el plato y me sentía miserable. Cuántas veces no había deseado poder comer así, cuántos de los niños que conocía no deseaban comer así. Sabía que las monjas y los voluntarios hacían cuanto podían para servirnos tres veces al día, pero nunca era suficiente o delicioso. Y yo, una huérfana, había tenido que ser vendida al mejor postor para poder comer como cualquier otro, como si el simple hecho de ser una persona no fuera suficiente. Me tomé el vaso de leche y deje el resto. Quizá matarme de hambre no era la mejor manera de acabar conmigo, pero simplemente no tenía apetito. El día avanzó como de costumbre, en silencio y muy lento.  Aunque por primera vez, cerca del medio día, pude ver a dos personas en el jardín, uno de ellos llevaba un sombrero de tela con grandes solapas que cubrían su rostro del sol y la otra persona era esa mujer, la de cabello casi blanco a quien él había llamado "nana". "¿Cuántos más vivirán en esta casa?". […] —No tienes por qué estar encerrada todo el día. Ignore el comentario de Amara y seguí viendo al exterior mientras ella dejaba el desayuno en la cama. La escuché suspirar antes de dar media vuelta e irse. Ese día me obligue a comer el sándwich del plato y tomar medio vaso de leche  no por hambre, pero si por culpa, debía al menos comer si quería tener la fuerza para seguir adelante. Esa tarde la puerta se abrió antes de lo que esperaba, pero probablemente era a la misma hora de todos los días, simplemente yo estaba tan desinteresada que ni siquiera me había percatado de cuanto tiempo había pasado. —Me alegra que hayas acabado tu desayuno. Amara sonrió, dejo la bandeja que traía en las manos y tomando la que estaba vacía. —¿Por qué hacen esto? —¿De qué hablas? —Hablo de comprar mujeres —su rostro dejo la sonrisa atrás y mostró un lado más serio—, a ti también ¿verdad? Te vendieron y terminaste aquí. —Deberías pasear por el jardín, hoy es un día... —¿Estas tan rota que no lo puedes ver? Vi como sus puños se apretaban a cada lado de su cuerpo, en sus ojos no había nada más que enojo. —Tú no tienes idea de lo que este lugar es, créeme, tenemos suerte de estar aquí. —Lo dices muy segura. —Por que es la verdad. —Tal vez es solo por que no has conocido nada mejor. — Y tú nada peor —guarde silencio—¿en dónde crees que estas? ¿crees que pasando las rejas de esta casa hay algo más? ¿libertad? —Explícate. —Si llegas a salir, créeme, habrán muchos que te recibirán con los brazos abiertos y puedo jurarte que no volverás a ver el sol, ni siquiera a través de la ventana de la jaula en la que crees que estas. Con eso dicho se fue y me dejo sola, esa noche ella no llego con la cena, en su lugar fue esa mujer ya entrada en edad. Ella no dijo una palabra y yo tampoco lo hice.  Esa noche auguraba ser una mas del montón. Que equivocada estaba.
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