bc

LA VENGANZA DE LA ESPOSA OLVIDADA

book_age18+
25
SEGUIR
1K
LEER
matrimonio bajo contrato
familia
HE
los opuestos se atraen
drama
pelea
ciudad
Oficina/lugar de trabajo
like
intro-logo
Descripción

Él fingió ser un mecánico pobre por 3 años. Ella lo dejó porque estaba cansada de la miseria.Lo que Ana no sabía es que Carlos Reyes no es pobre. Es el billonario CEO de Grupo Reyes, con una fortuna de 800 millones de dólares, que se escondía para encontrar amor verdadero.Ahora Ana está embarazada y divorciada. Cuando descubre la verdad, decide ir a reclamar lo que es de su hijo... pero él ya tiene una prometida rubia y cruel que hará todo por destruirla.¿La perdonará por haberlo abandonado? ¿O será ella quien lo haga pagar por cada lágrima?Una historia de venganza, amor, segundas oportunidades y un bebé que cambiará todo.

chap-preview
Vista previa gratis
La venganza de la esposa olvidada * CAPÍTULO 1: FIRMA AQUÍ. *
Ana González temblaba, pero no de frío. Temblaba de rabia, de impotencia, de ese temblor que te queda en los dedos cuando sabes que estás a punto de perderlo todo y no puedes hacer nada. Frente a ella, sobre la mesa de formica amarilla que habían comprado en una segunda de Querétaro, había dos papeles impresos a medias, con tinta corrida. Y un bolígrafo Bic barato, de esos que te regalan en el banco. — Firma, Ana. Acabemos con esto de una vez. No lo hagas más difícil. Carlos Reyes no la miraba. Estaba recargado en la silla de plástico, revisando su celular viejo, ese Samsung con la pantalla estrellada que decía que no podía cambiar porque no había dinero. Llevaba la misma chamarra de mezclilla de mecánico que usaba desde que lo conoció, manchada de grasa. Olía a gasolina y a jabón barato. Tres años. Tres años viviendo en un departamento de 45 metros en Pedro Escobedo. Tres años lavando overoles manchados de aceite a mano porque no tenían lavadora. Tres años haciendo rendir el sueldo de 8 mil pesos al mes, aguantando a su suegra diciéndole en cada comida familiar que era una mantenida, que su hijo merecía algo mejor, que ella nunca le dio un nieto. — ¿Ni siquiera vas a preguntarme por qué? ¿No vas a luchar por nosotros? — susurró ella, con la voz rota. Carlos por fin levantó la vista. Sus ojos, esos ojos cafés que ella amó tanto, eran fríos. Tan fríos que Ana no reconoció al hombre con el que se había casado enamorada a los 22 años. — ¿Para qué? Ya me dijiste todo anoche, Ana. Que estoy estancado. Que nunca voy a ser nadie. Que te arrepientes de haberte casado con un pobre mecánico que no te puede dar ni una casa decente. ¿Qué quieres que te diga? ¿Que tienes razón? Ana sintió el golpe como una bofetada. Sí, lo había dicho. Anoche, después de que su madre le mostrara la foto de su prima con su esposo abogado, en una casa en Juriquilla con alberca. Después de tres años de promesas de "ya casi juntamos para el enganche" y "el taller va a mejorar". Estaba cansada. Harta de contar monedas para el mandado. — Yo solo... pensé que teníamos sueños, Carlos. Dijiste que pondrías tu propio taller. — Los sueños no pagan la renta, Ana. — Su voz no tenía tristeza. Era como si ya hubiera hecho las paces con eso. Tomó el bolígrafo y se lo puso en la mano, con fuerza. Su mano rozó la de ella por un segundo. Estaba cayé caliente, callosa. — Firma. Te dejo todo lo del departamento. La tele, el refri, todo. No tengo nada más que darte. Es lo justo. Ella miró el papel. DIVORCIO VOLUNTARIO. Tan simple. Dos firmas y se borraban tres años. Con lágrimasndole por la mejilla, firmó. Cada letra le dolió como si se estuviera cortando. Ana González. Su firma temblorosa, pequeña, al lado de la de él, firme, grande, segura. Carlos tomó su copia, la dobló con cuidado y la metió en la bolsa trasera de su pantalón de trabajo. Se levantó, tomó su casco de moto. — Que te vaya bien, Ana. En serio. Se fue. Sin abrazo. Sin un último beso. Sin un "te quise". Solo el sonido de la puerta de lámina delgada cerrándose y su moto Italika vieja que no quería arrancar en la calle. Escuchó como la pateó dos veces, y luego el ruido se alejó. Ana se quedó sola, con las dos tazas de café frío sobre la mesa. El vapor ya no salía. Se llevó las manos al vientre, de forma instintiva. Tenía un retraso de dos semanas. Un retraso que no le había dicho a nadie. No se había atrevido a hacerse la prueba porque no quería traer un hijo a esa pobreza. Ahora ya no importaba. O eso creyó. --- Dos semanas después. Ana estaba haciendo fila en la Farmacia Guadalajara de la avenida principal. Sudaba. En su mano, apretaba una prueba de embarazo de 89 pesos y un billete arrugado de 100. La señora de adelante se tardaba mucho. — ¡Ana! ¡Ana González! Era Marta, la vecina del departamento 4, la chismosa de la cuadra. — ¿Ya supiste de tu ex? Ay mija, qué bueno que te divorciaste a tiempo de ese muerto de hambre. ¡Te salvaste! A Ana se le heló la sangre. El sudor se le volvió frío. — ¿De qué hablas, Marta? — ¿No viste? ¡Salió en las noticias! ¡En la tele y en el f*******:! Carlos Reyes. No es mecánico, mija. ¡Es el dueño de Grupo Reyes! ¡El de las refacciones y los talleres de todo México! ¡Billonario con B! Dicen que se estaba escondiendo del mundo porque su papá se murió y no quería mujeres interesadas, solo que lo quisieran por lo que es. ¡Y tú lo dejaste! Marta le mostró el celular, con un video de t****k a todo volumen. En la pantalla, una noticia de Forbes México. La foto era inconfundible aunque ahora era otro hombre. Carlos Reyes, 32 años, CEO de Grupo Reyes, fortuna valuada en 800 millones de dólares. Aparecía bajando de un helicóptero n***o privado en Santa Fe, con traje Tom Ford n***o que le quedaba perfecto, reloj Rolex, el pelo cortado, barba perfilada y una sonrisa fría, de poder, que nunca le había mostrado a ella. A su lado, abrazada a su brazo como una víbora, una mujer rubia, altísima, con vestido de diseñador rojo. El texto decía: "Valeria Montiel, modelo e influencer, prometida oficial del magnate". El titular en letras grandes: "EL HEREDERO OCULTO REGRESA PARA TOMAR SU IMPERIO TRAS 3 AÑOS EN EL ANONIMATO" La prueba de embarazo se le cayó a Ana de las manos y rodó por el piso sucio de la farmacia. Carlos no era pobre. Nunca lo fue. Cada vez que le dijo "no hay dinero", era mentira. Cada vez que la vio llorar porque no alcanzaba para el gas, él tenía millones en el banco. Le hizo vivir tres años en la miseria a propósito. La puso a prueba. Y ella falló. Y ahora estaba embarazada de un billonario que seguramente la odiaba por haberlo dejado. Ana no lloró. No esta vez. Algo dentro de ella, esa niña buena y tonta que creía en el amor, se rompió y se volvió a armar en un segundo, más dura, más filosa, como un diamante. Se agachó, recogió la prueba del piso. Sacó su celular viejo y buscó el número que había borrado con lágrimas dos semanas atrás. Lo marcó. Un tono. Dos tonos. — ¿Bueno? — contestó una voz de mujer. Fina. Fresa. Burlona. Era ella, Valeria. — Comunícame con Carlos. Es urgente. Es Ana, su ex esposa. — ¿Ana? Ay, la ex-esposita del mecánico. ¡Qué honor! — se rió, y se escuchaba que estaba con más gente. — Carlos está ocupado, preciosa. Está en una junta de 200 millones. ¿Qué quieres? ¿Dinero? Ya te dejó mucho, ¿no? La licuadora y todo eso. — Dile que estoy embarazada. — dijo Ana, con una voz que no le conocía, firme, sin temblor. Silencio del otro lado. Luego una risa más cruel, más baja. — ¿Embarazada? Qué conveniente. Justo ahora que sabes quién es. Mira, mija, ni lo intentes. Si estás embarazada, no es de él. Carlos no puede tener hijos, todos lo saben. Y si lo es, nos encargaremos de que no tengas nada. No vuelvas a llamar. Le colgaron. Ana se quedó en medio de la farmacia, con la gente mirándola con morbo. Con la prueba positiva en una mano y el celular en la otra. Apretó la prueba contra su pecho hasta que el plástico se le clavó. No quería su dinero. Ya no. Quería venganza. Y sabía exactamente por dónde empezar. Al día siguiente, a las 8 de la mañana, tomaría el primer autobús a la Torre Reyes en Santa Fe, Ciudad de México. Con su prueba en la mano. Y entraría a reclamar lo que era de su hijo. Aunque tuviera que quemar su imperio entero en el proceso.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Venganza por amor: Infiltrado

read
66.3K
bc

Profesor Roberts

read
1.7M
bc

La Venganza de la Exesposa Curvy con el Gigoló

read
166.8K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
62.9K
bc

LA BAILARINA DEL MAFIOSO

read
6.0K
bc

DOMESTICANDO AL CORAZÓN

read
126.1K
bc

Daño colateral

read
9.8K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook