Los otros reinos

1963 Palabras
Kiara Cuando despertamos, el amanecer se abría paso entre las montañas, tiñendo el cielo de tonalidades rojizas y amarillas. Por lo general, los entrenamientos comenzaban muy temprano en la mañana, significaba que mi abuela estaba despierta o en el mejor de los casos apenas se estaba levantando. Siempre desayunábamos juntas, así que no me extrañaría si estuviera buscándome por toda la casa. Mire a Anthony, no hicieron falta las palabras, de inmediato ambos fuimos en busca de nuestros caballos para regresar a la casa. El entrenamiento había tomado mucho más tiempo del que pensaba, medir el tiempo dentro del mundo onírico era casi imposible y despertarse afectaba el ensueño, por lo que saber el tiempo resultaba un trabajo abrumador y difícil. No quería recibir un sermón de parte de mi abuela, ni mucho menos que se enfadara al saber que no había seguido su consejo de descansar, luego de probar mi don por primera vez. Además, necesitaba hablar con ella, últimamente el entrenamiento solo ha avivado mi curiosidad sobre los otros reinos, tenía muchas preguntas que solo ella podía responder. Y no necesitaba que buscara una excusa para no hacerlo. Nos dirigimos directamente a las caballerizas apenas llegamos al pueblo, por suerte Ángel no estaba despierto lo que nos permitió dejar a los caballos sin ser vistos. Pero fue diferente cuando llegamos a la casa, solo cruzar la puerta y alguien nos había visto. —Sabía que te habías ido en la noche—dijo Vincent mirando con malicia a su hermano. —Silencio, alguien puede escucharte— reprocho Anthony, pero eso no intimido a su hermano pequeño. Tenía que admitir que el chico tenía agallas, era muy fuerte y osado, incluso más descarado que su hermano. Es impresionante, considerando que sea criado solo con su abuela y hermano, desde la tragedia que mato a gran parte de nuestro reino los niños han escaseado y tan solo se encuentran unos pocos en el pueblo. Vincent es el más pequeño, pero por mucho era mi favorito. —¿Qué tal si no le dices a nadie que nos viste? —prepuse— A cambio prometo enseñarte a usar el arco y la flecha. Sus ojos se iluminaron ante la propuesta, pero trato de disimularlo. —Muy bien, pero quiero que también incluya un viaje de caza—dijo. —Eres muy pequeño para eso—lo regaño Anthony. —Trato hecho—dije extendiendo mi mano para estrecharla con la suya. Una vez que había conseguido lo que quería se fue corriendo con una sonrisa a su habitación. —Si lo malcrían nunca aprenderá a comportarse—dijo Anthony. —Tú eras mucho peor — le dije— Además tiene talento lo he visto practicar con palos mientras mira los entrenamientos. Anthony solo se limitó a refunfuñar por lo bajo, pero pude ver un atisbo de una sonrisa en su rostro. Vincent era lo único que le quedaba de su familia y dado que tan solo era un niño cuando sus padres murieron también siente la responsabilidad de mantenerlos presentes con él, aunque no pueda recordarlos. Me dirigí a mi habitación y contemplé la cama con tentación. Irónicamente, había estado dormida todo el tiempo en el mundo onírico, pero en realidad, mi sueño era diferente; mi cuerpo aún permanecía alerta ante cualquier acontecimiento en la superficie de ese mundo onírico. Además, técnicamente, el uso de mi don seguía siendo agotador, por lo que en realidad no era un descanso en absoluto. Pero si era lo que necesitaba para fortalecerme entonces no importaba, tenía en vista mi objetivo y sabía que debía de ir a por él. Pensé en mi padre quien no debió de tener un entrenamiento sencillo mientras se preparaba para liderar el reino, su comienzo fue duro, pero aun así asumió todo lo que conllevaba para poder cuidar de nuestra gente, quería hacer lo mismo. Sora no tardo mucho tiempo en llegar para ayudarme a preparar el baño. Además de comunicarme que mi abuela me estaba esperando para que desayunáramos juntas antes del entrenamiento. Antes de irse se volvió y me miro con una sonrisa astuta. —Este ves muy cansada, no es bueno que se sobrepasen durante el entrenamiento, Anthony esta desecho—dijo para luego abrir la puerta e irse sin dejarme responder. Dudaba que Vincent le hubiera dicho algo, es evidente que a pesar de los años sigue siendo muy perspicaz. Entiendo porque ha estado en servicio de mi abuela durante años, incluso con su edad estaba segura de que era igualmente capaz de tomar una espada y defenderse en una batalla. Solo esperaba que no le dijera nada de mi pequeña aventura nocturna a mi abuela. Tomé mi baño y me preparé para volver al entrenamiento. Aunque estaba exhausta, decidí verlo como un desafío necesario. Sabía que durante una misión no podría confiar plenamente en mi entorno, ya que estaría lejos de mi zona de confort. El descanso sería escaso y tendría que permanecer alerta ante cualquier enemigo que se cruzara en mi camino. Seguir con el entrenamiento era una forma de ponerme a prueba a mí misma y mantener mi vigilancia constante tanto dentro como fuera del mundo onírico. Me dirigí directo al comedor donde mi abuela ya me estaba esperando. Me miro con una sonrisa mientras me sentaba a su lado. —Espero que hayas tenido una buena noche. Suspire mientras la miraba. —Al parecer no fui muy sigilosa. —Todavía les falta mucho, incluso Anthony intento cubrir sus huellas, pero no fue suficiente. —¿Tendré un castigo por ello? — pregunte. No me asustaba lo que mi abuela pudiera hacerme, estaba acostumbrada a los castigos que se les imponen a los soldados. Desde pequeña mi padre se encargó de endurecerme en ese aspecto. Aunque a los ojos de otros pueda parecer crueldad, este método tenía como propósito formar a los mejores soldados y, en mi caso, al futuro líder del reino. Latigazos y trabajo forzado, eran solo una parte aceptada para mi desarrollo. —No fue nada grave, no desobedeciste una orden directa— me miro con dureza, una mirada que pocas veces mi abuela me dirigía— Pero no te atrevas a desobedecerme de nuevo. Si quieres llegar hacer un buen líder, primero tienes que aprender hacer un buen soldado— volvió a sonreír como si nada hubiera pasado— Ahora dime ¿qué tal te fue con Anthony? Le explique sobre las pesadillas y lo que había sucedido mientras estábamos en el mundo onírico. Me dio algunos consejos, pero en general se mostró sorprendida igual que Anthony de que lograra controlar mi don tan rápido. — Creo que es la primera vez que escucho de alguien que pueda controlar su don tan rápido luego de recibirlo, tal vez sea un regalo de los dioses para nuestra gente luego de lo que hemos tenido que sufrir— me regalo una sonrisa astuta— Pero también creo que se debe a que tienes un talento que es igual o mejor que el de tu padre. Hasta este momento, no había prestado demasiada atención a la velocidad con la que se estaba desarrollando mi don. Sin embargo, después de escuchar las palabras de mi abuela, me di cuenta del potencial que tenía en mis manos. Poseer la capacidad de superar a mi propio padre me abría la puerta a la posibilidad de rivalizar con los demás Lords. Era lo que siempre había querido, pues era lo único que me permitiría vengar la muerte de mis padres. —Quiero saber más sobre los otros reinos—le informe a mi abuela— No tengo mucho conocimiento al respecto y la información que teníamos en los libros de la biblioteca Avalora están perdidos. —No todos—dijo— Sabia que llegaría el momento en que harías preguntas por eso conserve algunos tomos especiales sobre la formación de cada reino, sin embargo, la información no es muy certera. —Pero tú tienes información privilegiada ¿cierto? Los reinos tenían secretos. El estilo de combate, las habilidades de cada m*****o y los dones naturales del reino, era información que se restringía a cualquiera que no perteneciera a ese reino. Pero los Lords en raras ocasiones se compartían información para hacer tratados y mantener el equilibrio de poder, no era mucho, pero sabía que mi abuela tenía algo de conocimiento al respecto ya que siempre estuvo al frente de las labores del reino junto con mi abuelo y mi padre. Además, nuestra habilidad con el mundo onírico nos permitía seguir acumulando información. —Sígueme, es mejor que estemos en un lugar más privado para hablar de esto. Me guio hasta la biblioteca, era el lugar donde por lo general pasaba mayor parte del tiempo. Si no estaba supervisando los entrenamientos, era seguro que podía encontrarla allí. Pero solo Sora tenía autorización para entrar al lugar. Era un salón pequeño pero acogedor, con dos estantes de libros que abarcaban desde la pared hasta el suelo. En una de las esquinas, se encontraba un amplio sofá acompañado de dos sillones individuales y una pequeña mesa de centro. Me hizo un ademan para que me sentara en el sofá, mientras ella se dirigía a uno de los estantes para sacar un pequeño libro y luego volver y sentarse en uno de los sillones individuales. —Existen cinco reinos, cada uno gobernado por una familia: Salas, Feroe, Arion, Cáceres y Lestrange. Cada familia posee una habilidad especial que solo puede ser heredada por sus miembros. Los Salas tienen la capacidad de invocar y dominar sombras maléficas de espíritus malditos. Los Feroe pueden cambiar de forma, pero solo pueden tomar la forma de criaturas o animales. Los Cáceres tienen el control del fuego y el hielo. Los Arion, por otro lado, poseen un don considerado maldito incluso por quienes lo poseen. —¿Maldito? —No se mucho al respecto, conocí a dos lideres de su familia, son muy reservados y pocas veces hablan a menos de que sea necesario. Por esa razón su don es considerado inferior y su reino como uno menor. —Igual que el nuestro—murmure. —Si, es por eso que no te puedes confiar Kiara, es posible que su don sea poderoso y elijan mantenerlo oculto o por el contrario los rumores son ciertos y no es nada para preocuparse. Pero subestimar a un enemigo es un error que no se puede ignorar. —Entiendo. Se levanto de su asiento, acercándose a la única ventana disponible en la habitación que tenía una vista directa a las grandes montañas. —¿Sabes porque tus padres y yo nos enfocamos tanto en tu entrenamiento? — pegunto. —Es el entrenamiento base de cualquier heredero—respondí pues era lo que siempre me recalcaba mi padre mientras entrenábamos juntos. —Nuestro reino es el único que acepta la capacitación de mujeres, mientras que para la mayoría es preferible que una mujer se quede en casa, limitada a actividades como pintar o coser. Sin embargo, desde hace generaciones, nuestra familia ha estado preparada para aceptar a las mujeres en el ejército y en el trabajo de campo. Esto nunca les agradó a los demás reinos, pero nunca fue un problema importante hasta que se anunció que el próximo heredero sería una niña. Abrí los ojos sorprendida por las palabras de mi abuela. —Esa es una de las razones por las que se volvieron en nuestra contra. Nunca estuvieron dispuestos a aceptar que una mujer pudiera ser la líder de un reino. Me quedé atónita, sin poder hablar ni moverme. Estaba procesando las palabras de mi abuela. Pero por más que lo pensara, solo había una conclusión en mi mente: yo era la culpable de la muerte de mis padres.
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