La chica de las sombras.
Ser el líder de una de las más importantes mafias es estar en riesgo constante, enfrentarte a traidores y enemigos; es enfrentarse al peligro cada vez que se tiene oportunidad.
Maximiliano Visantino, con tan solo 25 años había asumido el mando de la organización que antiguamente le pertenecía a su padre; haciéndola surgir y situandose en la cima de los negocios son imaginar que la traición golpearía a su puerta antes de lo imaginado.
En un depósito oscuro, lúgubre, las balas iban y venían por doquier, integrantes de su propio equipo lo habían traicionado llevándolo a una muerte inminente. La sangre brotando, los cadáveres esparcidos por el suelo sin saber quiénes pertenecían a un bando u otro.
El estaba tirado en el suelo, sosteniendo su garganta por dónde la sangre brotaba, había sido un idiota al pensar que podría decir una organización tan grande el solo, al confiar en la gente equivocada; si tan solo tuviera una oportunidad de vivir para poder cobrar venganza, arreglaría tantas cosas, corregiría tantos errores cometidos.
Cerró los ojos, dejándose consumir por la penumbra, sumergiéndose en la inconsciencia cuando escucho unos pasos, tacones chocando contra el suelo con dificultad abrió los ojos, observando como una mujer se acerca hacía el, solo podía ver sus hermosa piernas enfundadas en botas de cuero n***o, parecía que el mundo se había detenido; cómo si el tiempo no transcurriera.
Esa mujer se agachó junto a él, portaba ropa negra y un sombrero que ocultaba parcialmente su rostro.
— Así que no quieres morir — hablo con una voz fría, distante. Él intento hablar pero no podía — Yo puedo salvar tu vida... a cambio de una cosa — señaló ella.
¿Cómo podría salvar esa mujer su vida?, cuando sentía que está se escapaba de su cuerpo lentamente, agonizando sumergido en el dolor que consumía sus entraña.
Cuando estés cerca de la muerte, reza... implora por la misericordia de algún dios, de algún ente, puede que allá alguien escuchando y este intervenga en tu destino...
Recordo aquellas palabras que le habían dicho su abuelo desde que era un niño, siempre creyendo en la misericordia de un dios que quizás no existía, siempre creyendo que había algo más allá de la vida y la muerte.
— N.no... qui... quie...ro mo...rir — suplico con gran dificultad para pronunciar palabra, podía jurar que una sonrisa casi imperceptible apareció en el rostro de aquella mujer.
— Salvaré tu vida... pero tendrás que pagar un precio, cuando yo decida cobrar mi favor — aseguro la chica de las sombras antes de chasquear sus dedos y todo se volviera n***o, por un momento se sintió atrapado en un bucle del tiempo. Cuando despertó abruptamente.
Su corazón latía con demasiada fuerza, cómo si este quisiera salir de su pecho, observó todo a su alrededor notando que estaba en su habitación rápidamente llevo sus manos a su garganta en busca de aquella herida mortal que había acabado con su vida pero no había nada... estaba ileso, en la seguridad de su hogar. ¿Pero como?, ¿acaso todo había sido solo un cruel sueño?.
Al parecer era así, se puso de pie y salió al balcón de su habitación, observando el cielo, el sol que apenas había despuntado en el horizonte, todo aquello no podía ser un simple sueño... ¡era imposible!, todo se había sentido tan real que resultaba escalofriante.
Recordó aquella figura femenina que infinidad terror y su corazón dió un vuelco, ¿sería cierto?, ¿esa misteriosa mujer le había dado la oportunidad de vivir?.
— Ya despertaste, que bien — una voz masculina irrumpe en la habitación, ni siquiera tenía que girarse para saber quién era.
— Así es Paolo, ya desperte — cerró los ojos por un momento, recordando como el cuerpo de Paolo caía al suelo tras recibir 3 impactos de balas, recordaba perfectamente como lo había visto morir, recordaba ese sentimiento de dolor y desesperación por no poder hacer nada.
— Pareces afligido — señaló el muchacho colocándose junto a su hermano mayor, quien tenía una expresión terrible marcada en su rostro.
— Paolo, cuando yo te pida que te vayas, que te alejes, debes hacerlo, prométeme que seguirás mis órdenes — colocó sus manos sosteniendo la cabeza del muchacho, no soportaría ver morir a su hermano menor; no de una forma tan atroz, no ha causa de una traición.
— Max, tranquilo no pasará nada malo — aseguro el muchacho sonriente, su personalidad era demasiado jovial y alegre para pertenecer al mundo de la mafia — nada malo me pasará.
— Cuando llegué el momento solo corre, muchacho — le dió un par de palmadas en el rostro antes de dirigirse de nuevo hacía su cama.
— Está noche es la fiesta Max... quizás consiga una novia bonita — dijo emocionado el muchacho, Maximiliano casi se ahogo con el jugo que estaba tomando.
— ¿La fiesta? — Indago, en su interior sabía a qué fiesta se refería pero no tenía sentído, la verdad es que nada lo tenía.
— ¿De verdad estás bien?... ¡no me digas que olvidaste la fiesta de esta noche!, por Dios. Viene gente muy importante a verte — si efectivamente era esa fiesta, la celebración por su cumpleaños número 25. ¿Pero eso no había sido un mes antes de la masacre?, masacre que no había ocurrido porque de lo contrato el no estuviera allí. ¿Sería acaso que había tenido un sueño premoritorio?, ¿había logrado ver el futuros?.
¡Imposible!, esa era una total locura.