Agnes Karsson
Después del almuerzo más interesante que he tenido en mucho tiempo regresamos a nuestras oficinas.
Debo admitir que, saliendo del hecho de que antes de que me despidieran no hacía más que estar encerrada en la empresa, se siente un ambiente diferente con cada paso que se da aquí.
Aunque pueda ver similitudes entre Liam y Marcus, la diferencia en el trabajo que ambos hacen se nota en el rostro de mi prima quien está muy tranquila, nada parecido con mi semblante desde que empecé a trabajar en Swedish Style.
A veces ni siquiera tiene que ver con tu trabajo, sino con las personas a tu alrededor, lo que transmiten con sus gestos, sus palabras, sus acciones, todo se involucra para que tengas un buen o mal desempeño.
Y en este caso le tengo un poco de esperanza a los siguientes meses en está empresa.
—Arriba, tenemos una reunión en cinco minutos.
Retiro lo dicho.
Levanto la mirada hacia Marcus quien tiene una expresión agria en el rostro, sin embargo la intenta disimular mientras caminamos hacia la sala de reuniones.
Sigo sin entender porque habría una sala de reuniones si hay muchas oficinas que ni se usan. O eso me dijo Selene, después de todo, ambas somos unas chismosas sin remedio.
La curiosidad comienza a cosquillear en mi interior al ver que no ha llegado nadie a la sala pero Magnus parece cada vez más irritado, mis ojos se mueven por todos lados esperando que empiece la reunión, sin embargo unos minutos despues que van entrando las personas citadas me quedo de piedra a la persona que menos quería encontrarme, mucho menos aquí.
Su mirada va directamente hacia mi, aún cuando estoy en un extremo del salón, Magnus lo nota pero se mantiene serio, la amargura que hace rato tenía desaparece de su rostro hasta que todos entran y él da comienzo a la reunión.
¿Qué rayos hace aquí? Liam nunca ha estado interesado en hacer negocios con Lindberg, siempre ha tenido todo lo que ha querido, y solo espero que no intente perjudicarme aquí, porque si hay algo que he aprendido de ese idiota es que si alguien toca su orgullo no se queda tranquilo hasta que lo destruye.
Pero está muy consciente que hacerme daño a mi implica hacerlo consigo mismo.
La información que yo tengo lo llevaría a miseria.
Hacerse el machito no va a ayudarlo en nada.
—No puedo aceptar eso de ninguna forma Swedish, podré apreciar a tus padres pero no renunciaré a mis acciones, hicimos un trato.—la voz enojada de magnus me trae de vuelta a la conversación.
—Es mi hotel, y necesito las ganancias y posesión total de mi empresa.
—Ya no te pertenecen.
—Asi cómo a ti no te pertenece la empleada que me quitaste—la sala queda en completo silencio y es cuando la atención de ambos se centra en mi.
Finjo no estar enterada de lo que hablan mientras los murmullos de los demás se hacen presentes.
—Toma responsabilidad de tus acciones Swedish, despediste a tu mejor empleada, y yo le di empleo, eso no te da el derecho de querer pelear por algo que ya no te pertenece.
—¿Mi mejor empleada? Esa zorra ya no servía ni para estar conmigo—su comentario deja la sala en completo silencio, y es allí donde siento mi corazón quebrarse en dos y al mismo tiempo arder en ira.
¿Cómo...? ¿Cómo se atreve a decir eso?
Ni siquiera es lo suficientemente hombre para admitir que el fue la falla en toda esta mierda que el llamó relación.
Me pongo roja de la vergüenza que sus palabras me ocasionan pero entonces escucho un golpe seco.
Segundos después a Liam cayendo al suelo por el derechazo que le ha dado Magnus.
Abro la boca en señal de sorpresa y todos los presentes jadean.
—¿Qué te pasá idiota? ¿Ahora vas a defender a una completa extraña?—su tono es despectivo, como si nunca hubiera tenido ningún vínculo conmigo.
Escoria.
—Solo hago lo que cualquier hombre haría al escuchar como hablan de una mujer. Pero claro, un niño tonto como tú no lo entendería—la tensión en el ambiente hace que Liam después de levantarse se vaya enojado, mientras Magnus con toda la clase que ha tenido desde que lo conozco, sigue la reunión como si nada hubiera pasado.
—Eso es todo caballeros, nos vemos en la próxima reunión.
—Magnus, me gustaría invitarte a cenar con nosotros, hiciste bien al poner a Liam en su lugar, y con todo el respeto, Señorita Karsson, usted es tan bella como me han contado—expresa uno de los socios de Magnus con una sonrisa diminuta.
Asiento con la cabeza a modo de saludo y me renuevo incómoda, no estoy acostumbrada a asistir a reuniones, por lo general me tenían en una oficina trabajando todo el día o en la casa de Liam.
Salgo de la reunión sin decir absolutamente nada, después de las palabras de Liam quedé muda, la humillación que recibí de su parte no me la esperé pero por lo menos también lo hicieron quedar en ridiculo.
Aunque eso no alivia el dolor que siento, no cuando yo esperaba más de el.
Tan siquiera un poco de gratitud por todo lo que hice por el, por tantos años de sacrificio.
Suspiro sentandome de nuevo en mi puesto y Selene me examina, ya debe imaginar que algo pasó.
—¿Ese que salió no fue tu jefe?—la miro con cara de pocos amigos—Tu ex jefe perdón.
—Si, pero no hablemos de eso.
Después de eso ninguna nos dirigimos palabra en todo lo que resta de tarde, Selene se va temprano por unos asuntos y yo me quedo terminando el trabajo, aunque por lo que veo hay algo acumulado.
Ya todos en la empresa se fueron, por lo que veo y es allí donde saco mi libreta de dibujo, empezando a trasar todas las ideas en mi mente para nuevos diseños, los de esta libreta son especiales, porque nadie nunca los ha visto, ni siquiera Gissele.
Escucho mi teléfono sonar y lo tomo rápido al ver que es la dueña del edificio donde vivo.
—Buenas tardes Señorita Karsson.
—Señora Lina, ¿Hay algún problema?—ultimamente es lo único que me sigue.
—No es ningún problema Señorita, es solo que... Venderé el edificio y no podré seguir alquilandole el departamento, además le recuerdo sus cuotas pendientes—cierros mis ojos con fuerza ante la frustración.
—Lo siento Señora Lina, le pagaré esta semana, deme algo de tiempo, ¿Cuando debo desocupar el departamento?—pregunto cabizbaja.
—Mañana mismo Señorita, disculpe la poca antelación pero en el contrato estaba estipulado ante cualquier eventualidad.—suspiro terminando la llamada.
Paso mis manos por mi rostro sintiendo las lágrimas agolparse en mis ojos.
Todo el dinero que he ganado lo he transferido al dueño del local donde estará mi boutique, todo lo he comprado en materiales y aún me falta para poder abrirla, no tengo ni cincuenta dólares para pagarme el alquiler acumulado de los últimos tres meses y apenas acabo de comenzar el nuevo trabajo.
¿Dónde se supone que me quedaré?
Suelto en llanto al no poder manejar todo lo que está pasando y este se hace más fuerte conforme pasan los minutos. Los problemas cada vez me persiguen más y no encuentro salida.
Mi sueño me ha costado más de lo que me imaginé, y en este momento estoy entre la espada y la pared.
Sin saber qué rayos haré para vivir este mes.
O sobrevivir.
Pegó un brinco al escuchar una voz a mi lado, levanto la mirada paralizada al ver a Magnus quien hace lo mismo al notar mi mala cara, cuelga el teléfono enseguida y se remueve incómodo sin saber que decir.
—¿Qué haces aquí todavía? No te pago horas extra—frunzo el ceño sintiendo toda la tristeza que tenía siendo reemplazada por enojo.
—Creí que no había nadie.—limpio mis lágrimas con rapidez apenas reaccionando.
—Puedes irte a casa.
—¿Me estás echando?—interrogo enojada.
—Solo estoy diciendo que te vayas a casa, no son horas de estar en la empresa.
—Eres un inconsciente, cualquiera en tu lugar estaría feliz de tener trabajadores tan dedicados—el sarcasmo en mi voz parece molestarlo sin embargo no me importa, me levanto tomando mis cosas y en eso se cae mi libreta.
Haciendo que Magnus logré ver el vestido que acababa de empezar.
La recojo lo más rápido que puedo sin mirarlo y camino rápido en dirección a la salida.
Sin embargo al bajar noto que hay una tormenta.
¿Podría ser peor?
—Creí que necesitarías transporte.
Y si, puede ser mucho peor.
—Si sigues viniendo aquí voy a ponerte una orden de restricción—gruño.
Si simple voz me molesta, me hace querer golpearlo.
—Vamos Agnes, sabes que te quiero a mi lado—un nudo se forma en mi garganta e intento seguir caminando para ir a la parada de autobús pero el me toma del brazo.
—Sueltame—siseo con coraje intentando soltarme.
Sin embargo no me suelta.
—Vamos... No te hagas la dura, sabes que no me gusta...
—¡Sueltame Liam! ¡Me estás lastimando!
Su sonrisa denota que está borracho y yo comienzo a asustarme cuando me hace caminar hasta el auto.
Grito y forcejeo pero la lluvia no me favorece y cuando creo que me meterá en el auto alguien lo tumba hacia atrás.
Las lágrimas corren por mi rostro mientras mis brazos arden por el forcejeo.
Seguro que quedará una marca.
Escucho un jadeo adolorido y es cuando me doy cuenta que Liam está siendo golpeado por Magnus.
¿En qué momento llegó aquí?
Las sirenas de la policía suenan en medio de la tormenta y me preocupa cual de los dos saldrá peor librado.
Magnus por la golpiza o Liam por su acoso.