El comienzo

865 Palabras
Juliet salió apresurada de su casa y sonrió mientras cerraba la puerta tras de sí. Caminó sin percatarse del callejón de Mason&Mason y se aseguró que ningún autobús estuviera cerca en el momento que cruzara la calle. Miró a su alrededor y encontró a Jagger, esperándola en la puerta de la librería. Lucía muy descansado, aunque tenía la misma ropa que el día anterior. A pesar de esto, notó que Jagger olía muy bien, un aroma que le recordaba al de un roble. —Buenos días, señorita Banner —dijo a la vez que le abría la puerta. —Buenos días, Jagger —respondió Juliet, pero oscureció el semblante y agregó confundida—. Dos cosas: ¿por qué me tratas de señorita y por qué la puerta está abierta? —el muchacho arqueó una ceja, como si la respuesta fuera obvia. —Así estaba cuando llegué —contestó. —¡¿En serio?! —exclamó Juliet y se golpeó en la frente con la palma de la mano—. ¡Olvidé por completo cerrarla anoche! —No te preocupes —dijo Jagger con voz tranquilizadora—, no creo que nadie más se haya dado cuenta. —¡Ese no es el punto! —insistió Juliet. —Tranquila. —continuó él sin perder su inquebrantable tranquilidad—. La próxima vez no se te olvidará —Juliet percibió una nota de seguridad en su voz, lo cual le hizo sentir un poco mejor. Empezaron a caminar hacia la oficina y, esta vez, Jagger sirvió la taza de café para Juliet. El aroma de la bebida inundaba el aire de la habitación y tanto Juliet como Jagger se quedaron callados por unos instantes. —Tu trabajo parece bastante relajado —afirmó Jagger de repente. Juliet no se había dado cuenta de que él miraba con curiosidad la colección de libros que había en la estantería más cercana. —Bueno, por lo general, es tranquilo en la mañana, más tarde se vuelve un poco más caótico. Una librería de este tamaño es mucho trabajo después de todo, especialmente para una persona —respondió Juliet mientras se acercaba a ver lo que mantenía a su invitado tan intrigado—. ¿Te gusta Hamlet? —preguntó la joven al ver el libro que Jagger observaba. —Shakespeare, en general —contestó él mientras estiraba la mano para tomar el libro. —¿Y qué opinas de Romeo y Julieta? —preguntó Juliet interesada. No se le había pasado por la cabeza que Jagger fuera adepto a un poeta. —No sé —respondió con un tono enigmático. Abrió el libro y pasó las páginas con delicadeza como si admirara lo que veía. Juliet no se intimidó e insistió. —¡Vamos, todos tienen algo que decir sobre Romeo y Julieta! —reclamó Juliet e inclinó su cabeza para que Jagger dejara de ver el libro y la observara a ella. Jagger volteó con lentitud mientras cerraba el libro y sus ojos marrones y profundos se detuvieron en Juliet. —Me parece que es una historia trágica, pero, a la vez, inmensamente feliz —respondió Jagger con tranquilidad. Juliet intentó no perder el hilo de la conversación así que continuó insistiendo. Le resultaba imposible desviar la mirada cuando se topaba con los ojos del muchacho. —¿Por qué lo dices? —preguntó. Jagger respiró hondo y miró la ventana, pensando muy bien lo que iba a decir. —Si formaras parte de la historia, ¿quién te gustaría ser? —preguntó Jagger con la mirada perdida todavía. —¿Te refieres a si quisiera ser Romeo o Julieta? —preguntó Juliet confundida. Jagger no se movió, pero Juliet comprendió que era su forma de asentir—. Bueno, creo que no hay diferencia. —Jagger volteó, repentinamente interesado—. Sin importar a quién elija, hubiera sido igual de feliz e igual de miserable —contestó Juliet. Jagger la miró sorprendido. Era la respuesta más lógica, pero la gente casi siempre se dejaba llevar por la pregunta y decía tonterías. —Buena respuesta, un poco tramposa, pero buena al fin —contestó Jagger sonriendo—. ¿Y sabes por qué es una tragedia feliz? —a Juliet le pareció percibir un dejo de diversión en la voz de Jagger, lo cual la animó a responder lo primero que le vino a la mente. —Porque se amaron hasta el final —Juliet sintió un profundo regocijo cuando Jagger mostró una expresión de complacencia y asintió. —Estoy sorprendido —contestó—. La verdad es que eres la primera persona que conozco que opina exactamente igual que yo. —Parece que tenemos cosas en común —dijo Juliet sonriendo con ganas. Jagger sonrió de nuevo y devolvió el libro a su sitio. Juliet sintió un leve vacío en el estómago al darse cuenta de que su invitado estaba por irse. —¿Qué vas a hacer? —preguntó la chica sin poder aguantar más. Jagger se acercó a la puerta sin voltear. —Nos vemos mañana —respondió elusivamente. Abrió la puerta y mientras salía volteó hacia Juliet y le regaló otra sonrisa.
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