Juliet despertó con una sensación extraña. Lily no le había caído para nada bien y no ayudaba saber que le gustaba estar montada todo el día sobre Jagger sin importarle quién estuviera presente… Respiró hondo y alejó todos esos pensamientos de su cabeza. Lo más importante era terminar de prepararse para lo que venía. No se refería a equipaje ni nada por el estilo (Albert le había hecho el favor de colocar lo que se quería llevar dentro del dimensiador), sino a sus propios pensamientos. No tenía idea de qué esperar del Submundo, no tenía idea de qué actitud debía tener ante ese lugar. Justo cuando terminaba de secarse el pelo frente al espejo escuchó una voz que la llamaba. —¡Juliet! —exclamó Aquiles desde el piso de abajo—. ¡Ya es hora! Observó por última vez el espejo y se aseguró de

