Voltar caminaba por las afueras de la ciudad de Ronoh con cierta velocidad, pero prestando poca atención a su alrededor. No había sido difícil para él evadir a los guardias farcramianos que patrullaban la zona al entrar o salir de la ciudad, pero sí tuvo que ser bastante paciente. Por eso se demoró casi tres días en cumplir su misión. En su mano derecha cargaba una esfera blanca que era fría al tacto y que mostraba un brillo fantasmagórico pero opaco. Se topó con una montaña de rocas relativamente alta y saltó con agilidad hasta llegar a la parte más alta, donde Árides lo esperaba pacientemente. Sin embargo, cuando por fin fue capaz de ver su rostro, Voltar se dio cuenta de que su esposa se hallaba sumida en pensamientos dolorosos y ni siquiera se había fijado en su llegada. No dijo nad

