Pero, más que nada en el mundo, algo me aterraba: el miedo a no ser correspondida. Sin embargo, eso no importaba, lo esencial era estar juntos. Nos amábamos inmensamente, aunque a veces el amor pareciera insuficiente. Pero en nuestro caso, era suficiente. Él era mi vida entera, y eso era más que suficiente. A veces los días se volvían inhóspitos. Antes, me gustaba regar mis plantas por la mañana, ahora pasaba todo el día con Francisco, incluso en la fábrica a veces. Aun teniéndolo cerca, pensaba en él constantemente. Pensar en perderlo me entristecía, pero su amor me daba fuerzas. '¿Qué pasa?', preguntó curioso. 'Pensaba tonterías', respondí. 'Me vuelvo sensible últimamente', admití. 'Puede ser, pienso demasiado las cosas', comenté encogiéndome de hombros. Él me besó en la mejilla y s

