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2572 Palabras

Y así, una mañana dos días después de eso, la madre de Francisco había dejado de respirar. Me sentí muy mal por Francisco, ya que no vivíamos juntos. Aunque hacía tiempo que no lo hacíamos, decidí ir a visitarlo. Emma estaba en el maternal y, al llegar a su casa, no se escuchaba ni un suspiro. Al golpear la puerta, él abrió. Para mi sorpresa, llevaba un delantal y se dirigió hacia la cocina. "Hola, Dani. Estaba justamente cocinando. ¿Quieres que preparemos un café para los dos mientras sigo?", dijo. “Lo lamento mucho, Francisco”, murmuré. Él se encogió de hombros. "Está bien, quédate a comer”. Como se había puesto a cocinar entonces supe que no estaba bien, me preocupé. Me acerqué a su lado y lo abracé, fue un abrazo compasivo, no romántico. Él sostuvo mi mano con fuerza y soltó la cu

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