—¡Leah, joder! —La dulce voz de mi mejor amiga ahora agravada por el pánico me obliga a despertarme de mi no auto inducida inconsciencia. Abro los ojos de golpe y veo tres de cuatro pares de ojos mirándome con preocupación. Manos ásperas con piel suave me toman por la barbilla, manteniendo mi cabeza en un ángulo recto para que el aire entre con más facilidad hacia mis pulmones ... reconozco su toque de inmediato, pero me concentro en mi amiga por mi propio bien. —¿Qué demonios acaba de pasar? —Pregunto, más que confundida entrecerrando los ojos. —Te has desmayado. ¿Estás bien? ¿Necesitas que te lleve al médico o llame a una ambulancia? — Ahora recuerdo. Ray- es decir, Gian pregunta colocando toda su atención en mí y al mismo tiempo masajeando mi mandíbula con sus dedos. Su frente se frun

