Sus ojos nublados por el alcohol me lanzan un desafío, incluso cuando parpadean tan lentamente por el cansancio. Nunca deja de ser un seductor. Ruedo mis ojos y camino hacia él. El primero de sus problemas es que ni siquiera está en la posición correcta para orinar. Si lo hace así, orinará en todas partes excepto dentro del inodoro, así que, coloco mis dos manos sobre sus caderas y con cautela, acomodo su cuerpo frente al inodoro. Mis dedos hormiguean cuando tocan su piel. Dirige su mirada hacia mis manos y me mira con una ceja levantada. Quito mis manos de sus caderas y algo dentro de mí se desinfla como un globo luego de ser pinchado. —Grazie —gruñe en italiano sin mirarme y sin querer, pero no se disculpa. Su acento italiano es lo más delicioso que mis oídos han tenido el placer de e

