Venus
Camino alrededor de la entrada al bosque por al menos una hora. No estaba muy segura de entrar, pues el lugar se conocía principalmente por sus historias terroríficas y sangrientas, pero la curiosidad estaba tomando la ventaja de mi mente, empujándome a explorar y confirmar si esas historias realmente podían ser verdad.
—Tengo que estar loca —murmuro. Esa tenía que ser la explicación más lógica para lo que estaba a punto de hacer. Desde niña mi madre me había prohibido entrar a ese bosque por todo lo que las personas del pueblo decían, por lo que jamás desobedecí su orden, pero ahora parecía que todo eso no importaba.
Comienzo por caminar a través el pequeño trecho de tierra que conduce a lo más profundo del bosque, tratando de fingir que el miedo no se está apoderando de mí, pero conforme doy un paso más adentro, ese pensamiento de valentía se esfuma, dándole paso libre al sentimiento de terror.
Finalmente llego a un tramo donde el sol ilumina el bosque y me siento sobre una roca a esperar. Saco mi celular y decido escribirle un mensaje al acosador, avisándole que estoy aquí.
Venus:
Muy bien, estoy aquí. Te salvas de que no está oscureciendo.
Le doy enviar y dejo mi celular sobre mi pierna, mientras me dedico a observar la imagen de los árboles y flores frente a mí. Realmente el bosque no se parecía en nada a lo que las personas del pueblo solían decir. Al contrario, todo lo que mostraba era una belleza oculta en medio de lo tenebroso de su exterior.
Mi teléfono vibra y yo me sobresalto, no me había percatado de cuánto tiempo pasó.
Desconocido:
¿Por qué? ¿Te da miedo la oscuridad?
Venus:
No vine aquí para charlar.
Desconocido:
No, viniste porque te lo pedí. Eres muy curiosa.
Ruedo los ojos ante su evidente contestación. Por su puesto que la curiosidad pudo conmigo desde el momento en que envió el primer mensaje.
Venus:
¡Claro que lo soy! Un loco me manda mensajes de un número bloqueado.
Desconocido:
Eso suena ofensivo. No estoy loco.
Venus:
Lo estás.
Desconocido:
Que no lo estoy.
Venus:
Pues si no lo estás, ¿Por qué no apareces? ¿Por qué no me dices quién eres?
El desconocido deja de responder a mis mensajes y yo comienzo a sentirme fastidiada. Primero me pide venir a un bosque "peligroso" y luego me deja plantada. ¿Qué clase de persona en su sano juicio hace eso?
Respiro profundamente y envío otro mensaje. Si no responde, me voy a largar.
Venus:
Hey.
Cinco minutos y nada.
Venus:
¿Hola?
Esos cinco minutos se convierten en siete.
Venus:
¿No me vas a responder?
De siete pasan a diez minutos.
Venus:
Bien, si no vas a responder me voy.
Harta de tanta espera, me levanto y sacudo mis pantalones, susurrando una que otra maldición por haber hecho caso a un idiota escondido tras un teléfono.
Justo en ese momento, mi celular vibra anunciando que otro mensaje ha llegado.
Desconocido:
¿No quieres saber por qué hice que vinieras?
Venus:
¡Al fin respondes!
Eres un idiota.
Desconocido:
Pasé de loco a idiota, genial.
Bufo y tecleo una respuesta rápida. Este idiota me tiene más que furiosa.
Venus:
Ya está, me voy.
Comienzo por caminar de nuevo a través del mismo trecho en busca de una salida, cuando mi teléfono vuelve a vibrar en mi mano. Abro el mensaje y frunzo el ceño al ver de qué trata.
Desconocido:
Camina unos metros más.
Venus:
¿Huh?
Desconocido:
Camina hacia el norte.
Trago fuerte y observo a mí alrededor, esperando encontrar a alguien. Si me indica hacia donde ir es porque me está observando, pero... ¿Por qué no aparece?
Venus:
Si eres un asesino e intentas matarme, que sepas que tengo al 911 en marcación uno.
Desconocido:
No voy a matarte. Camina.
Miro al cielo, mientras le ruego a Dios por no morir, y comienzo a caminar. Conforme voy dando un paso delante de otro, mi corazón comienza a latir con más fuerza, como si quisiera decirme que debo salir corriendo y dejar todo esto en el olvido, pero no puedo. Las ganas por saber quién es la persona detrás de los mensajes callan mi instinto de supervivencia y continúo con mi camino.
Una vez que creo estar en el lugar correcto, saco mi celular y le escribo otro mensaje al desconocido.
Venus:
Ya estoy aquí, creo...
Pasan alrededor de dos minutos y no hay respuesta.
Venus:
Oye...
Desconocido:
Voltea a tu izquierda.
Bajo el celular y volteo, llevándome una gran sorpresa.
Me encuentro rodeada por un jardín lleno de pequeñas flores rojas que se extienden a lo largo del camino. Sonrío y camino lentamente, deleitándome con la belleza y tranquilidad que el paisaje me ofrece, más el delicioso olor que las flores desprenden. Doy una vuelta en 360 grados, apreciando la imagen de las flores, pero me detengo abruptamente al ver una rosa sobre una pequeña roca.
—¿Para mí...? —susurro y camino directamente hacia la roca, tomando la rosa entre mis manos. La observo detenidamente, imaginando a mi acosador.
Sabía que lo más sensato era correr y no mirar atrás, pero no podía evitar sentir la emoción de que tal vez el gesto que quería mostrarme el desconocido no era negativo, sino positivo.
Venus:
Hay una rosa sobre una roca. ¿Tú la pusiste ahí?
Desconocido:
Sé cuánto te gustan.
Venus:
Eso debería aterrarme, pero en realidad me parece dulce...
El siguiente mensaje arranca una sonrisa de mis labios, haciéndome tener la sensación de mariposas en el estómago.
Desconocido:
Ese tipo no te merece. Eres jodidamente increíble y el que no lo note lo hace un imbécil.
Aunque debo admitir que me alegra que no te pueda notar. Así eres toda para mí.
Ruedo los ojos ante el último párrafo y tecleo una contestación rápida.
Venus:
No arruines esto.
Antes de que pueda continuar con el mensaje, mi celular suena, anunciando una llamada de mi madre. Probablemente debe estar preguntándose dónde diablos estoy metida.
Suspiro y contesto, tratando de controlar la evidente emoción en mi voz.
—¿Hola?
—Venus, ¿dónde estás? —mi madre se escucha enfadada y yo bufo, era demasiado bueno para ser verdad.
—Estoy camino a casa, mamá, no te preocupes por mí —bajo la vista hacia la rosa y una sonrisa involuntaria sale de mis labios.
—Sabes que no me gusta que estés afuera tan tarde. Ven rápido.
Mi madre cuelga la llamada y yo dejo salir un suspiro, hubiese deseado quedarme por más tiempo.
Venus:
Debo irme, mi madre se pregunta dónde rayos estoy.
Desconocido:
De acuerdo.
Venus:
Gracias por la rosa...
Desconocido:
De nada, ángel.
Sonrío y presiono la rosa y mi celular contra mi pecho, lista para emprender camino hacia mi casa. Definitivamente esto ha sido lo más emocionante que me ha sucedido desde que me mudé aquí, y no lo cambiaría por nada del mundo.
Finalmente llego y me llevo la grata sorpresa de que mi madre me ha esperado durante una hora. Sonrío ante su gesto de madre enojada y ella enarca una ceja; definitivamente no esperaba verme tan contenta, pues nunca muestro ninguna otra emoción que no sea la frustración.
—¿Qué mosca te picó, Clark? —ella me sigue mirando, mientras que yo continúo caminando por el camino hacia mi habitación.
—Solo estoy feliz, mamá —respondo—. En la preparatoria nos han regalado una rosa a todas las chicas.
Llego a mi recámara y me lanzo a la cama, dejando salir un suspiro. Mi madre llega y se apoya en el marco de la puerta, observando cada uno de mis movimientos.
—¿Y eso por qué? ¿Qué están celebrando?
Levanto la rosa y le doy una vuelta lentamente, pensando en el misterioso acosador.
—Es todo un misterio, madre...