Carmen la miró de lado y, con esa jocosidad tan suya, soltó sin filtro: —Mira, vamos a hacer una cosa. Nos vamos de compras ahora mismo. Te voy a comprar ropa interior sexy, provocativa, de esa que cuando mi hermano te vea… —hizo una pausa dramática— te la quiera arrancar de un solo tirón. —Carmen… —dijo Ella, intentando mantener la seriedad, pero una sonrisa inevitable se le escapó. —Nada de “Carmen” —replicó riendo—. Ya está bueno de dudas y silencios. Si Alejandro está confundido, vamos a recordarle exactamente con quién se casó. Ella negó con la cabeza, divertida, y por primera vez en días sintió algo parecido a ligereza en el pecho. Pagaron la cuenta y salieron del restaurante entre risas. El sol de la tarde las acompañó hasta la tienda, un local elegante, íntimo, con vitrinas qu

