Capítulo XXIII

1824 Palabras

Cuando me subí al auto tomé la niña en mis brazos y empezó a llorar, entonces intenté amamantarla y ahora sí tenía fuerza para chupar. Empezó a succionar y sentía una sensación rara recorriéndome el pecho. Al llegar a la casa estaban los demás hermanos de Oliver esperando ansiosos. La suegra había preparado una cunita que tenían guardada y le habían puesto una cobijita rosada. Saludé y de una vez la suegra me quitó la bebé de los brazos. Le descubrió el rostro, asumo yo que buscando algún parecido pero su cara era un misterio indescifrable. Por fin artículo: —¡Bienvenida a casa Marianita! Soy tu abuela y te voy a consentir y a malcriar mucho. —En seguida empezaron todos a pelearse por cargarla. Jimena me dijo que ella no me odiaba y que lo que había dicho de mí era porque le había qui

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