Nadie puede huir de sí mismo

1145 Palabras

– Toc, toc– tocan la puerta. Me quedo inmóvil, estaba a punto de servir la comida. Temía que se encontrara en la puerta Liz sola. Sam tampoco se mueve de donde está, como si no hubiese escuchado que tocaban la puerta. – Toc, toc– suena la puerta nuevamente. – Policía – se escucha. – ¿Llamaste a la policía? – se exalta Sam. – ¿Cómo se te ocurre decir eso? Si no tengo teléfono. – respondo. – ¡Era tu hermana la mujer que vieron los vecinos! ¡Eres una traicionera! ¡Mal agradecida! – comienza a gritarme en la cara. – Yo no hice nada. –le contesto. – Ayúdame a esconder todo esto. – refiriéndose a sus porquerías. Del otro lado de la puerta… – Oficial, si no derriban esa puerta en este preciso momento, lo voy hacer yo. – Se escucha del otro lado de la puer

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