Maritza: Habían pasado tres semanas desde que mi hermana murió, me encontraba encerrada en mi casa, no limpio, ni lave, ni me bañe más, no tenía razones para vivir más, lloro porque su hermosa voz ya no se escucha en esta casa, desde pequeña era muy intensa, jamás dejaba de correr y reír, como no iba llorar si ella era mi todo. No había sabido más de Max, tampoco había revisado el teléfono, me mantenía a base de agua dulce y una que otra fruta, todo lo que estaba en la cocina estaba dañado o vencido, tampoco saldría más de aquí, moriría como ellas, quería estar con mi familia, daba pena, evitaba verme en el espejo. Escucho el ruido de la puerta abriéndose, pero no tengo fuerzas para levantarme así que dejo que pase lo que tenga que pasar, cierro los ojos y los lindo momentos al lado de

