Capítulo 39. La conciencia Mariela Mi cuerpo estaba exhausto tras tantas horas de trabajo de parto, trece horas, para ser exacta. Me llevaron a la sala de parto para realizarme la limpieza y suturar la herida que mi bebé había provocado hasta el punto de desgarrar ahí abajo. Después de eso, me dejaron en observación durante dos largas horas, ya que el sangrado no cesaba. Cambiaron la compresa dos veces mientras intentaba mantener la calma, pero finalmente, la enfermera, tras revisarme, me informó que me trasladarían a mi habitación. No había preguntado aún por mi hija. Sabía que la habían llevado al área de retén y que estaba bajo observación. —Mamá —dije al verla entrar—. ¿Y Lis? —pregunté con ansiedad. Deseaba tenerla conmigo, sentirla cerca, pegada a mi pecho, amamantando la. —El

