Era algo que no comprendía del todo, pero lo sentía. Muy dentro de mí, como un nudo apretado en el pecho. Una parte de mí no quería aceptarlo, pero la verdad era clara: él merecía ser feliz, incluso si eso significaba hacerlo lejos de mí. Incluso si su felicidad ya no me incluía. Y yo… yo no iba a ser el obstáculo en su camino. No podía serlo. Tal vez mamá tenía razón desde un principio. Esa sensación… esa punzada en el alma, como si alguien me arrancara un pedazo vital de mi cuerpo, como si me quitaran algo que, por tanto tiempo, había sentido como mío. Siempre fui cuidadoso con mis cosas. Exageradamente cuidadoso. Lo mío era mío. Lo protegía, lo cuidaba, lo conservaba. Pero Nail no era una cosa. No era una pertenencia. Él era una persona. Una maravillosa, luminosa y única persona qu

