"Sabía que un día te enamorarías de alguien. Pero si él rompe tu corazón como hacen los amantes, que sepas que estaré esperándote aquí." —Maldición —me quejé, golpeando con fuerza el saco de boxeo que cuelga en una de las esquinas de mi cuarto. Mis nudillos dolían un poco dentro de los guantes, pero esa incomodidad era mucho mejor que todo lo que llevaba acumulado por dentro. No sabía si quería descargar mi rabia, mi tristeza, o la sensación asfixiante que tenía en el pecho desde hacía días. Quería golpear algo. O a alguien. A alguien específico... aunque no tenía el valor de admitirlo siquiera. —¿Hijo, todo bien? —preguntó mi madre, tocando la puerta de mi habitación. Suspiré, deteniendo el saco de boxeo con ambas manos. Se movía frenético, como mi cabeza. ¿Todo bien? ¿Qué se supone

