Solo fueron tres horas. Tres horas donde lo sentí entrar en mi cuerpo, un movimiento tras otro, escuchando sus repugnantes gemidos y donde terminaba vertiendo todo sobre mí era en mi abdomen. Todos en el pueblo sabían de la maldición y acerca de la imposibilidad que tenemos nosotras de poder crear vida dentro de nuestro organismo, pero igualmente eso no era ningún impedimento para ellos. La única capaz de seguir entregando vida a este pueblo hostil es Alice, Alice y aunque su apellido ya no se conserve, sigue siendo la encarnación de Alice Kyteler. Artemiss… Artemiss Kyteler. Ha ocultado su identidad de una forma tan prudente, que hasta a nuestra Alice la llego engañar. Pero, ¿por qué ocultarse de esa forma ante nosotras? ¿De qué podría tener miedo? Los ojos de Sam se veían lle

