Valentina se quedó unos segundos más observándolo junto a la ventana. Había algo en la forma en que Gael estaba de pie, con la espalda recta y las manos apoyadas en el marco, que dejaba claro que había terminado de hablar… o al menos de hablar de sí mismo. Ese era su límite. Ella lo entendía. Se levantó despacio de la cama y caminó hacia él. Sus pasos fueron suaves sobre el piso, pero Gael los escuchó. Siempre escuchaba todo. Cuando llegó a su espalda, no dijo nada. Simplemente deslizó sus brazos alrededor de su cintura y apoyó la mejilla entre sus omóplatos. Gael no se movió. Por un segundo pareció que iba a mantenerse rígido, como si no supiera muy bien qué hacer con ese gesto tan simple. Pero después dejó salir un suspiro lento. Una de sus manos se posó sobre las de ella. — G

