Gael permaneció de pie frente a ella, observándola con esa calma peligrosa que siempre parecía envolverlo. Valentina seguía sentada en la cama, con la toalla blanca ajustada al cuerpo. Sus dedos apretaban la tela sobre sus muslos como si intentara mantener algo bajo control. El silencio entre los dos ya no tenía nada de íntimo. Ahora era denso. Gael pasó una mano por su cabello húmedo y soltó una exhalación corta. — A mí también me gustaría escucharte a ti. — La miró fijo. — Pero voy a hablar yo primero. — Se encogió apenas de hombros. — Es lo que se supone… ¿No? — Valentina asintió. Sí. Ella lo necesitaba. Después de todo lo que había pasado, después de descubrir que su amante y su esposo eran el mismo hombre, después de esa noche que todavía le ardía en la piel… necesitaba que él

