La música golpea fuerte cuando Brenda vuelve a la mesa. Llega con el ceño fruncido, la mandíbula apretada. Se deja caer en la silla y murmura, casi para sí: — Maldita sea… — Allen levanta la vista de su vaso. — ¿Todo bien? — Brenda fuerza una sonrisa que no le llega a los ojos. — Sí. Todo perfecto. — Nadie le cree. Nikolai la observa con calma, apoyado contra el respaldo, girando el vaso entre los dedos. — No lo parece. — Brenda exhala con fastidio. — Valentina se fue. — ¿Cómo que se fue? — Pregunta Allen. — Así. — Dice ella, encogiéndose de hombros. — A casa. Sin avisar. — Nikolai sonríe de lado, como si acabara de confirmar algo que ya sabía. — Era demasiado raro que la mujer de Santoro estuviera en la calle. — Brenda se gira hacia él, incómoda. — ¿Exactamente tú y ella qué son

