Penumbra.

1519 Palabras

Valentina no se permitió pensarlo demasiado. Si lo pensaba, iba a dudar y ya había decidido que no iba a dudar más. Gael se levantaba tarde, lo sabía. Pero a esa hora el desayuno ya había pasado, y si había una rutina mínima, debía seguir en su habitación. Tiene que estar ahí, se dijo. Y fue directa al punto más simple: si ella estaba bien con su esposo, todo lo demás iba a acomodarse. La casa. Los empleados. Los murmullos. El desorden invisible. Todo iba a volver a su lugar. No importaba el amante. No importaba nada más. Solo importo yo. Se detuvo frente al espejo una última vez. No para gustarle, no exactamente. Para reconocerse. Retocó apenas el maquillaje. Nada exagerado. Algo sobrio. Se acomodó el cabello. Enderezó los hombros. Respiró y salió. La casa era grande. D

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