Valentina permaneció de pie en medio del dormitorio, con el teléfono aún en la mano y la pantalla apagada. El silencio de la casa se le metía en los huesos. No había pasos en el pasillo. No había una puerta que se abriera para buscarla. No había nada. Ni esposo. Ni amante. Exhaló despacio y dejó el móvil sobre la cómoda. Aquella noche iba a ser larga… hasta que llamaron a la puerta. — ¿Valen? — La voz de Brenda sonó demasiado animada para la hora. Valentina giró los ojos antes de abrir. Brenda estaba apoyada en el marco, perfectamente arreglada, con esa sonrisa suya que siempre parecía saber algo que los demás no. — Te ves… agotada. — Comentó, recorriéndola con la mirada. — Creo que necesitas salir. — ¿Salir? — Valentina soltó una risa seca. — Por favor, Brenda, no hables como si t

