Elizabeth Golpeo la cama fuerte, un rebote sordo en mi espalda, mi vestido volando alto con él. Pero antes de que pueda comprender nada de eso, me tiene por las pantorrillas, arrastrándome hasta el borde, mis piernas abiertas de par en par, rodillas dobladas alto. —¡Carter! —chillo justo cuando siento su aliento caliente en mis bragas, sobre el satén delgado que no dudo está visiblemente empapado. Carter está en el piso, de rodillas, directamente entre mis piernas. Sus ojos encuentran los míos, oscuros e intoxicantes. —Si vamos a hacer esto, Elizabeth… Si me dices que es solo esta noche… Haré todo lo que quiero hacerte. Te prometo que amarás cada segundo. No tengo nada que decir a eso. —Bien. No más argumentos. Dijiste sí, ¿recuerdas? —Dije sí. —¿Sigues queriéndolo decir? ¿Lo hag

