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3332 Palabras
Mamá estacionó en la entrada principal de la escuela, que se encontraba abarrotada de jóvenes por doquier.  Solté un bufido de fastidio. Levantarme temprano era una tortura para mi, no entendía porqué no nos dejaban dormir unas horas más y así estar más concentrados en clases. Que por cierto eran muy aburridas, excepto literatura. Los libros eran mi perdición, siempre han sido mi pasatiempo favorito. Perderme en la biblioteca y estar ajena a todo es lo mejor.  Bajé del auto y me despedí de mamá, caminé por los pasillos esquivando a los estudiantes que murmuraban sobre la gran fiesta que haría Harper Owens, la capitana del equipo de porristas y por supuesto popular de la preparatoria Townsend Harris High School. No presté la menor atención a lo que estaban diciendo, e ignoré a todos y caminé hasta mi casillero. —Claire dice que llegará un poco tarde y que mañana iremos por unas hamburguesas —habló Matthew, mi mejor amigo, en cuanto cerré el casillero. —¿Te apuntas? —Seguro —dije, guardé los libros en la mochila. —El profesor Declan dijo que haría un examen sorpresa esta semana. Espero que no sea hoy, porque no estudié nada de nada. El timbre sonó, dí un respingo por el sonido tan escandaloso. —¡Rayos! —exclamó.— También olvidé estudiar —dijo y avanzó caminando hacia los pasillos. —Estamos perdidos —murmuré derrotada, le seguí detrás.  Matthew se detuvo a saludar a varios chicos populares. Hice una mueca al ver como uno de ellos me guiñó un ojo, y desapareció  por los pasillos.   Fruncí el ceño preguntándome que había sido eso. Negué con la cabeza, seguí caminando hacia mi primera clase al igual que lo hacía el resto de los estudiantes.  Me impresioné cuando escuché como los cerebritos de mi clase hablaban de álgebra analítica como si era la cosa más fácil y entretenida del mundo. Me senté en mi puesto y apoyé la cabeza en mis brazos, descansé  unos segundos, antes que el profesor Declan llegara.  —Buenos días jóvenes —saludó entrando al aula. —Hoy haremos un repaso para que después no digan que no les di tiempo de estudiar.  La clase suspiró aliviada, pero se oyó las quejas de los inteligentes que no estuvieron de acuerdo puesto que ellos sí habían  estudiado. Más no se atrevieron a decir palabra alguna. Fue gracioso verlos enojados por algo así, casi nunca solía ocurrir. Saqué los cuadernos de la mochila y presté atención a la clase mientras el resto finge interés, se me hizo difícil entender la tan tediosa explicación de la materia.  Observé desde mi lugar a algunos de mis compañeros que simularon tomar apuntes, otros mordían sus lápices y otros simplemente se durmieron  demostrando desinterés a la clase. Giré la cabeza sobre mi hombro, ví a Matt muy concentrado que escribía en su cuaderno.  Decidí hacer lo mismo y comencé a escribir. *** Solté un suspiro aliviada, observé la hoja del examen corroborando que había una nota decente en la hoja.  Salí del aula en dirección a la cafetería, al igual que el resto de los estudiantes. Matt caminaba a mi lado mientras me decía de que su hermano regresaría en la semana.  Tan solo escuché e nombre de Asthon, y los recuerdos de mi niñez golpearon mi mente. *Flash back —¡Devuélveme mi algodón de azúcar! —dije llorando y doy varios saltos sin alcanzar la mano del pelirrojo insoportable. —Solo si me das un poco y también a mis amigos —propuso mirándome con sus ojos oscuros. Sequé mi nariz antes de contestar. —Pero eso me lo compro mi mamá, además, siempre me roban mis dulces. —Dije enojada—¡No es justo! Intenté quitarle el algodón de azúcar, pero por ser más pequeña, no logré alcanzarlo. Los demás niños se burlaron y eso hizo que me enojara aún más. Así que golpeé con mi rodilla las partes íntimas de Asthon, haciendo que cayera al suelo con una mueca en la cara de dolor.  Estuve por salir corriendo, pero antes sentí como una mano agarró mi pierna, ocasionando que perdiera el equilibrio y cayera al pequeño charco de agua.  Las risas de los niños no tardaron en escucharse en todo el parque. Me levanté furiosa, me lancé encima de Asthon y lo golpeé directo con mi pequeño puño que fue directo a su rostro. *Fin de flash back  —Jen —la voz de Matt me hizo parpadear. —¿Uh? —lo miré confundida. —Te preguntaba si hoy querías  quedarte en casa para terminar el ensayo. —Habló con la mirada perdida en su móvil. Mis cejas se alzaron hacia arriba, y abrí los ojos de par en par. —¡La obra! —golpeé mi frente con la palma. —Es para el viernes, ¿cierto? —Sí, desafortunadamente —respondió con fastidio. Fruncí los labios, no tenía idea de   como íbamos a terminar esa tediosa obra.  Ni a Matt ni a mí nos gustaba precisamente actuar delante de todos los estudiantes de la preparatoria, que no les importaba ni un rábano burlarse y arruinar el trabajo de otros con sus bromas pesadas. —Vamos a tú casa y lo terminamos. No quiero después estar estresada —dije caminando hacia la cafetería que ya está repleta de estudiantes. Personalmente no me fascinaba del todo la comida que hacían aquí, por lo que mi madre acostumbraba a prepararme emparedados antes de irse al trabajo. A lo lejos divisé la mesa donde se encontraban los populares de la prepa, el equipo de fútbol americano, compuesto por el capitán Alex Donovan y sus amigos Will y Justin. Del resto no tenía ni idea de como se llamaban y tampoco me daba interés en saber. Nos encaminamos a la mesa que se hallaba desocupada en la parte de atrás. Pude sentir la mirada de algunos chicos sobre mí. Cuanto detestaba que los hombres vieran a las chicas como un trozo de carne. Las vacaciones habían hecho que mis piernas se vieran más tonificadas, al igual que mis pechos que lucían más grandes haciendo que la camisa del uniforme me quedara más pequeña de lo normal. La culpa era de mi madre por haber lavado mi uniforme junto con otras prendas y se habían manchado. Por lo que no tuví más opción que colocarme la camisa que tenía de repuesto por si ocurría una emergencia. Lo que no logré notar fue que ya no me quedaba como antes, mis pechos parecía que fueran a reventar los botones de la camisa. Maldije entre dientes al escuchar un silbido que provenía de los chicos del equipo de fútbol.  —¡Cuándo has crecido, pequeña Minions! —gritó con burla el idiota de Donovan cuando pasé por su mesa. Las carcajadas de sus amigos y las risitas de las porristas, no tardaron en resonar por todo el lugar. Apreté los puños a los costados, seguí caminando e ignoré su comentario. Fulminé con la mirada al que hacía llamarse mi mejor amigo que apretaba sus labios en una fina línea, para no reírse. Le di un codazo por el costado y escuché su queja. Lancé con fuerza la mochila en la mesa, vi como los demás voltearon a nuestra dirección. —Relájate Jen, lo hace para fastidiarte —comentó Matt sentándose con la bandeja de comida. —Aunque es cierto lo que dicen, ¿desde cuándo te crecieron las... Le lancé un golpe en la cabeza y cubrí mis pechos con los brazos, cuando noté que Matt los veía con curiosidad. —Vale, me cayo —sueltó dibujando un cierre imaginario en sus labios. —¿Acaso es de su incumbencia si estoy o no "creciendo"? —hice énfasis en lo último quejándome. Saqué de la bolsa mi sándwich de pollo que mi madre me ha preparado y le di una mordida para nada decente. —Todos los hombres son iguales, solo se fijan en el t*****o y los pechos.  Matt me miró con desagrado al verme hablar con la boca llena de comida.  —Primero, si llama la atención que una chica tenga una buena figura, no te lo niego. Además que es normal que llames la atención de los chicos, ya no eres una niña Jen. —Dijo señalándome con el cubierto. Rodé los ojos, y le quité una rebanada del pastel de manzana que aún no había probado. —Y segundo, no todos somos iguales —Se defendió. —¿O crees qué soy igual al resto? Coloqué mis dedos en la barbilla fingiendo pensar. —No lo sé, he escuchado muchas cosas de ti últimamente —me encongí de hombros. —¡Oh, vamos! —se quejó mirándome ofendido. —Jamás jugaría con los sentimientos de las chicas solo por pasar el rato y lo sabes... —Sí sí —interrumpí, —me importa más lo que hay en su interior, que su exterior. —Hablé imitando lo que siempre decía, y coloqué la voz voz gruesa como la suya. —Ni siquiera hablo así — sonrío con gracia. Estiré mi mano para robar otra rebanada de pastel, pero su mano fue más rápida y apartó la mía de un manotazo. Acomodé mi t*****o en la banca, mordí lo que quedaba de mi sandwich. —Ya no somos los mismos de antes. Tu voz ya no es tan  chillona, ahora eres todo un hombre con voz gruesa y seductora —mencioné levantándome. Le revolví su cabello ondulado al pasar por su lado. Me lanzó una mirada de desaprobación. Sabía cuanto le molesta que le hiciera eso, pues decía que parecía mi perrito. Tiré la bolsa al contenedor de basura y caminé de vuelta a la mesa por mi mochila.  —Vamos —lo apresuré. Asistió y se levantó a llevar la bandeja. Salimos de la cafetería tomados del brazo. Algunas chicas me aniquilaron con la mirada al verme con mi amigo. Ya estaba acostumbrada a que me vieran así, porque dejé que pensaran que entre Matt y yo había algo. Que ridículas.  No negaba que mi mejor amigo era muy atractivo, sus ojos marrones grandes con pestañas espesas hacían que su mirada  luciera llamativa, y también tierno con las pecas que adornaban todo su rostro. Pude ver que sus rasgos de adolescente habían quedado atrás, y que se convertía en todo un hombre, con ese mentón marcado que le daba un toque rudo y coqueto al mismo tiempo. Además de su estatura de un metro ochenta que parecía enloquecer a las hormonas alborotadas de las chicas.  Pero a pesar de lo bien que le había pegado la pubertad, nunca vi, ni vería a Matt de otra forma, era como un hermano para mí. Entramos al aula para la clase de la profeta Gillian. Me senté en mi lugar y saqué el cuaderno de literatura.  —Bueno chicos, hoy hablaremos de los tipos de obras literarias.  Existen tres tipos de estilos literarios principales: la narrativa, la lírica y la dramática. ¿Quién me explica cada una de ellas?  El aula se quedó en silencio ante la pregunta de la profesora. Levanté la mano para participar, mientras que los demás me miraron con fastidio. No tenía la culpa de que fueran  unos flojos que no servían ni para estudiar. —Señorita Miller —miré hacia adelante y me levanté para responder. —Eh bueno... —aclaré mi garganta antes de seguir —La narrativa consiste en que el autor haga uso de la figura del narrador para contar los hechos protagonizados por unos personajes. Donde el escritor presenta una realidad ficticia o realidad representada como si fuese el mundo exterior u objetivo, ajeno al autor. —Finalicé —Muchas gracias Miller —dijo —¿Quién quiere agregar? —los demás se quedaron callados en sus sitios sin decir palabra alguna. —Yo —se levantó Harper con su cabello rubio perfectamente ordenado en una coleta alta, que caía sobre su espalda. —Adelante señorita Owens —escuché decir a la profesora. —Este género se caracteriza por la abundancia de descripciones, tanto de personas, como de situaciones y ambientes. —Comentó con rapidez, mientras jugaba con un mechón de su largo y sedoso cabello.— También relata acciones y acontecimientos en un espacio y tiempo determinado e incluye monólogos y diálogos entre los personajes. Lo importante de este género es el narrador, ya que es el encargado de contar la historia a través de la narración, la descripción, la exposición o la argumentación. Y puede ser de cuatro tipos. Terminó diciendo, se sentó de nuevo en su puesto. —Muy bien, ahora explíquenme estos cuatro tipos. Y que no sean ni la señorita Miller ni Owens, —Advirtió Giré hacia Matt haciéndole un gesto con los labios para que participara en la clase. Me hizo caso y se levantó, rápidamente la profesora le dijo que explicara. —Bueno, nombraré solo a dos —dijo bajando la vista hacia el cuaderno. —Narrador omnisciente, es el que sabe todo y describe la escena desde el exterior, por lo que el autor emplea la tercera persona. Narrador testigo u observador, es él que narra aquellas partes de la historia que él ha presenciado o ha conocido. No es como el primero que lo sabe todo y lo cuenta. —Explicó con fluidez y desparpajo. —Excelente —felicitó la profesora. Caminó hacia el escritorio y continuó explicando los otros dos tipos. —Narrador en primera persona, se usa la primera persona porque el narrador es el protagonista. En este caso, el texto adoptaría una forma autobiográfica. Y por último, está las Narraciones en forma epistolar, donde la forma de narrar la historia es muy especial, ya que la historia se cuenta a través de cartas entre dos personajes. Se dió la vuelta y comenzó a escribir en la pizarra. Sentí como un papelito arrugado cayó sobre  mi cuaderno. Recorrí la mirada en busca del gracioso que me lo había lanzado. Observé que todos estaban concentrados anotando los apuntes de la pizarra. Pero sin saber porqué mi mirada se detuvo en Alex, que sonreía hacia mí de manera seductora. Me hizo señas con los labios para que leyera lo que decía el papel. Como sabía que insistiría si no lo hacía, leí el bendito papelito. Podemos hablar. Era todo lo que decía, por lo que lo miré frunciendo el entrecejo.  ¿Será que se disculparía por lo que me había dicho en la cafetería? Pregunté internamente. Imposible esperar eso de su parte. Pensé  y rodé los ojos. Decidí ignorar el hecho de que Alex no apartó su mirada de mí, en todo lo que quedó del resto de la clase, cosa que hizo que no me dejó concentrar. *** Caminé hacia la salida con los brazos enganchados a los de Matt y el de Claire, escuchaba como el castaño le iba contando a mí amiga lo que el idiota de Donovan me había dicho en la cafetería. —A Alex le gusta Jen... —canturreó Claire haciendo que  rodara los ojos por milésima vez. —Es estúpido que digan eso solo porque... —¡Jenna! —la voz de Alex me detuvo. Y hablando del rey de Roma. Pensé. Giré lentamente y lo vi trotar hasta donde estaba. Traía todavía puesto el uniforme del equipo, lo que me hizo imaginar que aún no había terminado de practicar. Se detuvo frente a mí, su respiración estaba agitada como si corrió todo un maratón.  Inflé las mejillas, preguntándome mentalmente que sería lo que que quería hablar conmigo. —Iré al grano —dijo leyendo mis pensamientos. —Necesito tutorías para poder graduarme y pensaba que tú podrías ayudarme. —Pues lo lamento, pero no pienso ayudarte —dije dándole la espalda y seguí caminando. Su mano me tomó del brazo y me hizo voltear de nuevo. —Por favor, te doy lo que tú quieras. —Insistió mirándome con ¿Súplica? Eso si que me sorprendió. —A ver, ¿Qué me darás a cambio?  —Dinero, un beso, una cita o lo que tú pidas. —Púse los ojos en blanco al escucharlo. —Ahórrate lo último. Te espero mañana en la biblioteca y espero lleves el dinero —mascullé con los brazos cruzados en mi pecho. —Así será, pequeña Minions —asintió y se fue antes de que pudiera responderle. Él sabía que odiaba que me llamara así. Ojalá y no creyera  que porque acepté ayudarlo, eso nos convertía en amigos. ¡Jamás! Claire movió su cejas de arriba abajo y una enorme sonrisa se dibujó en sus labios. Mi semblante serio le hizo ver que no es lo que ella piensa.  —No lo sé Matt, pero aquí sucede algo muy extraño. ¿Desde cuándo Jen ayuda a su enamorado? —murmuró alto cuando pasé por su lado. Bufé. —Ugh, es estúpido. —Tal vez... —agarró la correa de su mochila. —Todavía siente algo por Jen —comentó Matt. Solté una risita burlona al oír semejante cosa. —Déjense de idioteces sin sentidos —gruñí arrugando el entrecejo. Mis amigos pensaban que Alex aún sentía cosas por mí. Lo que me parecería completamente ridículo, pues sus sentimientos hacia mí quedaron atrás, desde hace mucho tiempo.  Todavía no superaban de que había rechazado a Donovan, delante de todos. ¡Por Dios! ¡Solo tenía doce años, cuando eso pasó! Era un mocoso caprichoso e insolente y además trató de besarme varias veces. Por supuesto que lo rechazaría. Seguí caminando dejándolos atrás,  llegué al auto de Matt y subimos a el para salir del estacionamiento. La casa de Matt quedaba a pocos minutos de la preparatoria. Por lo que llegamos rápidos a la enorme mansión. Ingresamos al interior, nos dirigimos a la cocina por unos dulces. La señora Alene, madre de Matt, nos recibió con un caluroso abrazo. —¿Se quedarán hoy? —nos preguntó —No, Claire no podrá. Pero yo sí me quedaré para terminar el ensayo. —Expliqué. Asentí y nos dijo que en el horno había galletas de chocolate recién horneadas. ¡Sí! Mis favoritas. Fui la primera en correr a buscarlas, cuando Alene salió de la cocina.  Claire se quejó diciendo que Matt y yo nos tragamos todo lo que encontramos comestible.  Subimos a la habitación, no podíamos perder más tiempo del que necesitamos para terminar la obra. —Bueno, ¡Manos a la obra! —gritó Claire. —¿Tienes alguna idea? —negué hacia Matt. —Umm... Yo pienso que hacerla de Cenicienta sería mucho más fácil.  Miramos a Claire como si tuviera cuatro cabezas. Solté una estruendosa carcajada sin poder creer lo que había dicho. —¿Qué? —frunció sus pobladas cejas. —No —negó Matt. —Es muy repetida y además necesitamos más personas para que representen a todos los personajes.  —Es cierto —opiné metiendo una galleta a mi boca. Claire bufó sentándose al borde del colchón. —¡Ya sé! —me sobresalté al oír a Matt. —A ver... Animó Claire con total interés. Me acerqué a dónde estaba y me tumbé de espaldas a la cama. —Romeo y Julieta, como la hicimos en la escuela —comentó Matt. —¡Sí! —Claire chilló de acuerdo. Voltearon a verme esperando mi reacción. —Me parece bien, pero nos hace falta dos personas que hagan el papel de los otros dos personajes.  —De eso yo me encargo. —Dice Matt —escriban el guión para ir adelantando. —¿Y qué harás tú? —preguntó Claire. —Llamaré a Brock —salió de la habitación con el móvil en la oreja. Bajé de la cama agarrando la mochila que reposaba en la cómoda. Saqué el cuaderno y un lápiz. —Yo seré Julieta —comenté escribiendo cada nombre de los personajes.  —Tocará disfrazarme de hombre —murmuró Claire sin importarle en lo más mínimo.
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