Corrimos por los pasillos como dos lunáticos. Habíamos llegado diez minutos tarde a la primera clase de la profesora Willow.
Todo fue culpa de la alarma de Matt que no le dio la gana de sonar a la hora fijada.
Me detuve a mitad del pasillo de la preparatoria con el corazón acelerado y la respiración errática. Correr nunca había sido mi fuerte y ha este punto ya no podía continuar, me sentía exhausta.
Matt sujetó mi mano y tironeó de mí para que siguiera corriendo hacia el aula, que estaba a pocos metros. Al llegar a la puerta, la profesora Willow nos miró con molestia por haber interrumpido su clase.
Ingresamos al aula con la mirada de todos puestas sobre nosotros.
Me senté en mi lugar y me dediqué a prestar atención a lo que quedaba de la clase de historia. Las horas pasaron lentamente, haciendo que pareciera una eternidad para mí.
El timbre sonó, me apresuré a guardar mis cosas y me levanté de mi lugar para salir del aula.
Esperé a que mis compañeros se retiraran y así no ser aplastada por los enormes jugadores del equipo de fútbol.
Me encaminé con Matt hacia la cafetería, donde una sonriente Claire nos hizo señas con las manos para ir a donde estaba ella. Llegamos a la mesa y nos sentamos.
—¿A qué se debe tu sonrisa? —pregunté curiosa.
—No lo van a creer chicos —dijo ensanchando más su sonrisa —¿recuerdan que les hablé de MinJoon Lee, el que dirige el periódico escolar?
Asentimos esperando que prosiguiera.
—Bueno —volteó hacia los lados asegurándose de que no la estuvieran escuchando. —¡Me invitó a salir! —soltó un chillido por lo bajo que solo logramos escuchar Matt y yo.
—¡Vaya, eso es genial Clai! —dije feliz por ella.
Mi amiga había tenido un flechazo por MinJoon desde la primera vez que lo vio, a decir verdad el pelinegro era muy simpático, además que lograba hacer suspirar a las chicas, apenas posaba sus oscuros ojos rasgados que eran cubiertos por su cabello n***o.
Lee era a******o, por eso su piel blanca y de porcelana relucía a la distancia. Tenía un estatura promedio de un metro setenta y de complexión delgada.
—Así que el coreano no es tan tímido como todos creen, eh —bromeó Matt, a lo que Claire le lanzó una rebanada de tomate de su ensalada.
Reí al ver como el tomate impactó en el rostro de mi amigo.
—Pues él no lo es conmigo, de hecho, llevamos hablando desde hace algún tiempo —mencionó comiendo su para nada apetecible ensalada.
Claire le gustaba comer saludable, por eso siempre nos reprendía a Matt y a mí por comer cosas grasosas que según ella nos haría salir granos en la cara.
Saqué mis dos rebanadas de pizza que la señora Alene había preparado para la cena de anoche. La devoré en tres mordiscos, tenía muchísima hambre, a pesar de ser delgada podía comer gran cantidad de comida al igual que un chico. A lo que Matt siempre se burlaba de mí.
—¿Qué clase les toca? —preguntó Claire mientras caminábamos fuera de la cafetería.
—Deporte, con el gruñón de Fred —hice una mueca al nombrarlo.
—Yo que tú me iría preparando para sus gritos —murmuró Matt, señaló el campus donde se podía observar al equipo de porristas moviéndose como solo ellas sabían hacer.
El timbre sonó estrepitosamente.
Solté un bufido, me tocaba la tortuosa clase de Fred. Era el único profesor al que no soportaba, su mal humor me sacaba de quicio. Aparte que no era muy buena que digamos en el deporte, es más, odiaba sudar como puerco.
—¡Los veo más tarde! —canturreó Claire y se perdió entre el mar de estudiantes.
Quisiera tener su buen humor mañanero. Pensé.
—Te espero aquí —asentí hacia Matt y me dirigí a regañadientes al los vestidores para cambiarme.
***
El silbato del entrenador Fred resonó por todo el campus. Como siempre estaba de lo más amargado y exigente.
Vi como Matt pasaba por mi lado sin ningún rastro de cansancio, y eso que por ser chicos el entrenador les hacía dar más vueltas que a nosotras las chicas. Traté de correr lo más rápido para no quedarme , sin embargo sentí que iba a desfallecer y apenas había dado tres vueltas a la enorme cancha.
—¡Vamos Miller! ¡No seas una holgazán!
Gritó el ogro que tenía por entrenador, rodé los ojos al escucharlo. Hice mi esfuerzo por correr más rápido y terminar las tres vueltas que faltaba por darle al campus.
Me aseguré de que el profesor Fred me perdiera de vista y así poder ir a tomar un poco de agua, estaba sedienta. Bebí casi la mitad de ella y vertí el líquido frío en mi rostro acalorado.
—No estuviste tan mal —escuché la voz de Alex cerca.
Alcé mi cabeza viéndolo sacarse el casco, pasó su mano por su cabello revolviéndose los mechones rubios.
Me fue imposible ignorar ese gesto. Donovan era el típico chico rubio de ojos azules y piel bronceada que lo hacía ver como Zac Efron. Claro, tampoco es que era igual de bombón que ese sexi actor.
Sacudí mi cabeza apartando mis pensamientos.
—Hice lo que pude —me encongí de hombros.
Asintió y se sentó a mi lado.
—¿Irás a la fiesta de Owens? —inquirió con la vista fija hacia el frente.
—No estoy segura —dije sin más.
—¿Por qué?
—Las fiestas no son lo mío —hablé recordando la última vez que fui a una.
Había terminado con una resaca de m****a que me llevó a tomar la decisión de no embriagarme más nunca.
—Oh, entiendo. Prefieres quedarte aburrida en tu casa leyendo algún libro. —Dijo con burla.
—Es mejor que ir a una estúpida fiesta llena de adolescente hormonales —reviré elevando una ceja.
Alex iba a hablar de nuevo, pero la voz de Will lo interrumpió. Le susurró algo al oído que no logré escuchar.
—Nos vemos en la biblioteca, Minions —Donovan sonrío a mi dirección mostrando sus blancos dientes sacados de comercial.
—Idiota —mascullé.
Deseé estampar mi puño en su linda cara y borrar su estúpida sonrisa. Desafortunadamente hoy tendría que ayudarle con las tutorías.
Me levanté de las gradas y me dirigí a tomar un larga ducha para ir a la siguiente clase.
***
Bajé del auto de Matt y me despedí recordándole que llevara mañana, mi cuaderno de matemáticas que se había quedado en su casa. Ingresé a casa y me dirigí a la cocina donde estaba mamá.
—Hola mamá —saludé besando su mejilla.
—¿Qué tal te fue hoy? —Preguntó como siempre lo hacía.
—Bien, ya sabes, sobreviví a la clase de Fred —comenté sin dar detalles de las tutorías que estaba dándole a Alex. —¿Y Jesse?
—En su habitación jugando videojuegos —dijo mientras echaba en la sartén, las papas que faltaban por freír.
—Iré a cambiarme —anuncié robándome una papa frita, ganándome una mirada seria de mamá.
Subí las escaleras y antes pasé a ver al pequeño travieso que tenía por hermano. Estaba entretenimiento jugando Mario kart, con tan solo cinco años ya sabía usar la consola sin ayuda de otros. Me impresionaba lo inteligente que era a tan corta edad.
—¡No me ganarán! —gritó a la pantalla mientras hacía un bailecito ridículo.
Solté una risita corta que hizo que volteara a mi dirección.
—¡Jen! —chilló lanzándose en mis brazos.
—¡Hey, pollito! —dije llamándolo por el apodo que le había puesto.
Su cabello era tan rubio y liso que parecía las plumas de un adorable pollito.
—¿Quieres jugar conmigo? —preguntó con entusiasmo.
—Umm... —coloqué un dedo en mi barbilla fingiendo pesarlo —¿Te dormirás temprano?
Asintió frenéticamente haciendo bailar sus cabellos.
—Vale, ¡entonces a jugar! —grité corriendo con él en brazos.
Nos divertimos entre risas y gritos. Luego bajamos a cenar la exquisita comida que mamá había preparado.
Lavé los platos sucios y subí a mí habitación a descansar. Me cambié por un pijama cómoda y me tumbé en la cama.
La puerta se abrió y vi a Jesse ingresar al interior. Todas las noches teníamos la costumbre de
ver una película infantil. Mi hermanito era tan enérgico que costaba lograr que se durmiera, por lo que un día mamá y yo nos dimos cuenta que las películas con musicales ayudaban a que se quedara dormido rápido.
No llegó a pasar más de diez minutos cuando el pequeño estaba profundamente dormido a mi lado.
Sonreí apreciando su preciosa carita con rasgos aún de bebé. Bajé de la cama y lo cargué para llevarlo a su habitación, que estaba al lado de la mía.
Lo coloqué con delicadeza en el colchón, se removió y giró su pequeño cuerpo. Apagué la lámpara y salí cerrando la puerta detrás de mí.
Solté un bostezo, fui al baño y cepille mis dientes. Me tumbé en la cama acomodando la cabeza en la almohada, encendí mi celular y revisé las r************* .
Una nueva publicación de Matt me apareció en i********:, era de él y Asthon, leí lo que estaba escrito al pie de la foto.
Te extrañé imbécil. Era todo lo que decía.
Sonreí al ver lo feliz que se veía mi mejor amigo junto a su hermano. Pude notar lo guapo que lucía el mayor de los Hartmann, su rasgo distintivo era su pelo rojo fuego, que había heredado de su padre. Tenía el mentón más marcado y definido, la nariz respingada, cejas pobladas, más unas espesas y largas pestañas que adornaban sus ojos color avellana.
Me quedé embobada mirando la foto. Definitivamente Asthon había cambiado drásticamente, ya no quedaba rastro de niñez en él.
Apagué el móvil al sentir los ojos un tanto pesados, me acomodé en la cama y abracé a la almohada para estar más cómoda. Sin darme cuenta caí profundamente dormida.
***
La mañana había pasado rápida, me encontré caminando hacia la cafetería que ya estaba infestada de alumnos. Divisé una mesa vacía y me encaminé hacia ella.
No tenía idea dónde estaban Claire y Matt, por lo que iba a almorzar sola, o bueno que sentí como Alex se sentaba al frente.
Esto tenía que ser una broma, pensé.
—¿No tienes con quién sentarte o qué? —pregunté sin levantar la vista de mi sandwich.
—Hola Jen, yo bien y ¿tú? —dijo con sarcasmo.
Bufé irritada.
—Es obvio que quieres algo de mí, sino no te hubieras sentado aquí —solté sin tapujos.
—Para nada, solo vi que estabas solita y te vine a hacer compañía —solté una risita seca.
—A ver Alex, primero, no necesito compañía, estoy bien. Y segundo, que te estés ayudando no significa que nos haremos amigos. —Miré su rostro inexpresivo.
Sus labios se curvaron en una sonrisa.
—Yo no he dicho eso —habló mirándome fijamente.
No me gustaba que hicieran eso, no era capaz de sostenerle la mirada a los chicos. Me hacía sentir incómoda.
—Eres muy molesto —Gruñí viendo que no apartaba su mirada de mí.
—Y tú una amargada.
—Idiota.
—Torpe.
—Irresponsable —Ataqué, recordando que no me había pagado.
—Oye, ya te dije que se me olvidó —dijo defendiéndose.
—Ese no es mi problema —comenté. —Quiero mi dinero mañana, sino, olvídate de las tutorías.
—Te pagaré mañana. —Dijo y se levantó de la mesa.
Él era quien necesita de mi ayuda, más le valía que me pagara. Salí de la cafetería y me dirigí a la biblioteca, necesitaba perderme en los libros por un momento. No había tenido tiempo de hacerlo, pues estaba en los exámenes finales.
La biblioteca estaba completamente sola, me acerqué a una de las primeras mesas y dejé la mochila en la silla. Recorrí la estantería y tomé el libro que aún no había terminado de leer. Era una novela escrita por Margaret Mitchell; se llamaba "Lo que el viento se llevó" y era uno de los libros más vendidos de la historia, un clásico de la literatura de los Estados Unidos y es junto a su adaptación al cine uno de los mayores iconos o mitos de la cultura universal.
La novela giraba en torno a la historia de una joven que era de una familia aristócrata sureña, en la época de la Guerra de Secesión. De por medio muchas vicisitudes y relaciones de la protagonista con otros hombres por despecho o por interés.
Me sumergí en la trama y me dediqué a leer el largo capítulo.
Aunque sabía que no me daría tiempo de terminarlo, pues me faltaba una clase.
Estaba tan perdida en el libro que no noté al chico que se sentó a mi lado. Giré mi cabeza y vi que se trataba de MinJoon, el amigo de Claire.
—Ah, hola Min —saludé amable.
—Hola Jenna —dijo de vuelta.
—¿También te gusta escabullirte en la biblioteca? —pregunté alegre.
Asintió dándome una diminuta sonrisa. Él no era de hablar mucho, por lo que di por terminada nuestra corta conversación y me dediqué a seguir leyendo.