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2324 Palabras
Escuché el claxon del auto de Matt, que aguardaba fuera de mi casa. Bajé las escaleras arreglando mi desordenado cabello ondulado en una coleta alta. —¡Adiós mamá! —grité y salí disparada hacia la puerta sin esperar respuesta. Caminé rápido alisando mi falda arrugada, puesto que no me dio tiempo de plancharla. Llegué hasta el auto, jalé la manilla de la puerta pero esta no cedió. Inmediatamente vi como el vidrio bajó lentamente mostrando el rostro de Asthon, mis cejas se curvaron hacia arriba por la sorpresa de verlo allí. —¿Vas a subir o no? —su voz despectiva me hizo parpadear. Y yo que pensaba que había cambiado. Pensé internamente. Solo físicamente porque de personalidad aún seguía siendo  un completo imbécil. Abrí la puerta de atrás, me subí  al auto y nos marchamos —¡Hola Matt! —saludé besando su mejilla. Como estaba conduciendo solo fue un pequeño roce debido al movimiento del auto. —¿Cómo amaneciste? —preguntó viéndome por el retrovisor. —De maravilla y ¿tú? —contesté. —Quisiera decir lo mismo, pero todavía tengo resaca por culpa de este idiota —comentó señalando al pelirrojo. —No seas dramático, solo tomaste dos vasos de vodka. No tengo la culpa de que no toleres un poco de alcohol, hermanito —escuché a Ashton decir con burla. —¡Me dijiste que no me iba a embriagar con esa cosa! —gritó Matt quejándose. —Deberías pasártela más con hombres para que dejes de ser tan niña —bufé al escuchar la estupidez que había dicho Asthon. —Que tenga amigas no significa que vaya a volverse afeminado —mencioné. —Exacto —murmuró mi amigo. —además para tu información, también paso tiempo con mis amigos. Ninguno volvió a hablar a lo que restó el transcurso a la preparatoria. Los tres nos dispusimos a bajar del auto, Asthon fue el primero en adelantarse, dejándonos a Matt a y a mí atrás. No me sorprendió ver como las chicas se comían con los ojos al pelirrojo, que con ese caminar seguro y esa altura de un metro noventa, era imposible de ignorar. Asthon se detuvo frente a una chica pelinegra que vestía de n***o. Los vi intercambiar varias palabras antes de que continuara caminando y se perdieran por el pasillo. Me detuve en mi casillero, tomé los libros pesados para la clase de química y los guardé en la mochila. Sentí como unas delgadas manos cubrían mis ojos. —¿Quién soy? —preguntó Claire en un intento fallido de cambiar su voz aguda. —Claire —nombré soltando una risita. Chasqueó la lengua. Retiró las manos de mis ojos y volteé a verla. —¿Qué pasó con tu cabello? —fue lo primero que solté al ver que su cabello n***o y largo, ahora era completamente rubio y le llegaba a los hombros. —¿Te gusta? —preguntó con una enorme sonrisa. —Vi por internet que a los coreanos les parece más atractivas las rubias. Murmuró por lo bajo. Fruncí el ceño mirándola como si estuviera loca. —¿Qué? —Sí, lo sé, al principio me pareció súper extraño. Pero luego le pregunté a Min si le parecía lindas las chicas rubias y me dijo que sí. —Explicó moviendo su teñido cabello. —Clai, no creo que Min se... —¡Hey! Te estoy esperando en la cafetería Jen —interrumpió Matt, llegando a donde estábamos. —Vaya, ¿Qué te sucedió? Preguntó al fijarse que la chica a mi lado era Claire. —Nada, solo me hice un cambio de look —dijo restándole importancia. —Eso ya lo noté —comentó Matt con burla. Le di una mirada seria a Matt, para que no dijera algo fuera de lugar, pues sabía lo bromista que aveces solía ser. Aparte, Claire se veía muy entusiasmada con su nuevo color de cabello y no quería hacerla sentir mal. Sin embargo debía decirle la verdad sobre su cambio de look tan drástico. —Claire, sabes que siempre he sido sincera contigo y esta vez no será la excepción. —Dije acercándome a ella. —Amiga, no tienes porque cambiar para gustarle a un chico. Eres hermosa tal y como eres y si Min se fijó en ti siendo una peligra es porque así le gustaste. Que te haya dicho que le parecen atractivas las chicas rubias, no se estaba refiriendo a que tú también tendrías que serlo. —¿Crees que no debí hacerlo? —su mano jugueteaba con el dobladillo de la falda. —No. Me encantaba más la pelinegra y sé que a ti también —contesté. Vi en sus labios una sonrisa de boca cerrada. —Gracias, por ser sincera y decirme que luzco patética con esto. La verdad no me gusta ser rubia —dijo e hizo una mueca. Solté una risita por lo que dijo. Claire era una chica muy indecisa, sus gustos podían cambiar de un día para otro. —Por un momento me imaginé que estaba hablando con Owens. —dije para hacerla reír.— Lo bueno es que Min aún no te ha visto, así que... —Hola Jen —la voz de MinJoon me hizo abrir los ojos desmesuradamente. —¿Sabes si Clai ya llegó? Claire, que se encontraba dándole la espalda, se tensó al escucharlo. Leí en sus labios pidiendo que la ayudara. Así que lo único que se me ocurrió fue llevar a Min hacia otro lado para que Claire pudiera escabullirse. —¡Min, que gusto verte! —exclamé con más entusiasmo de lo normal. Enganché mi brazo al suyo arrastrándolo por todo el pasillo. —¿Claire? ¿Nuestra amiga Claire? ¿La pelinegra que... Me callé al sentir como Min se soltaba de mi agarre, y se detenía en el pasillo. —Sí, ¿Acaso conoces a otra? —dijo con seriedad. Tragué grueso al no saber que  decirle. Era pésima para ocultar cosas, nunca me había gustado decir mentiras, puesto que mamá me decía que una falacia fuera piadosa o no, siempre complicaba las cosas. Además de que no estaría siendo sincera. Pero tenía que ayudar a Claire. —Ella... —piensa Jenna, piensa, me dije internamente. —Se sentía mal... Sí, ella está resfriada. Bajé la mirada a mis zapatos, evitando ver a Min. Si mamá estuviera aquí, se sentiría decepcionada de mi. —¿En serio? —asentí lentamente, como si hacer aquel gesto me doliera. —Hablé con ella esta mañana y no me comentó nada. Había cierto recelo en sus palabras, lo que incrementó el nerviosismo en mi sistema. —Eh... —balbuceé —tal vez no quería preocuparte. —Dije mordiendo mis uñas. El timbre resonó fuerte, así que podría decir que literalmente fui salvada por la campana. —Bueno, adiós, debo ir a clases —me despedí girando sobre mis talones y me encaminé por el abarrotado pasillo. *** Recibí un mensaje de Claire avisando que su mamá había pasado por ella para llevarla a su casa. Le respondí con un simple, "está bien" y dejé el móvil sobre la mesa. Terminé de comer mi almuerzo, vi que Matt aún tenía su pastel de manzana intacto, por lo que estiré mi mano para robarle un trozo. —¿Por qué simplemente no pides una? —preguntó alejando su bandeja. —No me gusta la comida de aquí, si pido un pastel de manzana me querrán dar esa comida insípida. —dije haciendo una mueca. —No sabe para nada mal, tu eres la única que se queja —muerde el pastel pasándolo cerca de mi rostro. —Matt dame un poco, soy tu amiga y debes compartir —supliqué haciendo un puchero. Negó con la cabeza, mordió de nuevo el pastel cerrando los ojos, demostrando que estaba delicioso. Aproveché de quitarle un buen pedazo y corrí por toda la cafetería. Matt al percatarse de lo ocurrido, salió detrás para perseguirme. Reímos sin parar, corriendo por el pasillo, llamando la atención de los demás. Volteé hacia atrás cuando escuché un golpe en el piso, Matt se había caído. Frené de golpe impactando con un fornido cuerpo, en el acto, el pastel que llevaba quedó en ese sujeto enchastrando su camisa. Abrí los ojos lentamente y subí la mirada encontrándome con el rostro de Asthon. ¡Oh, rayos! Me separé e intenté limpiar su camisa, pero la terminé ensuciando más. —Lo s-siento... —balbuceé —Y-yo no quería hacerlo, fui un accidente, no te vi venir. —Dije apartando las manos de encima. Noté como los demás nos veían, algunos con caras de confusión, al no saber que pasó y el resto con expresiones de burla. Asthon se peinó el cabello con enfado, mordí mi labio con nerviosismo cuando me dio una mirada furiosa. —Sigues siendo tan torpe —escupió cerca de mi rostro, giró sobre su eje y se marchó  dejándome en medio del pasillo. Solté el suspiro que no sabía que llevaba retenido, volteé al escuchar a Matt riéndose. —¡No es gracioso! —chillé —Sí lo fue —dijo jadeante por la risa —se levantó del suelo y sacudió la poca suciedad que tenía su uniforme. —Sabes que él es malhumorado, no tienes de que preocuparte, fue un accidente Jen. Tampoco es que Asthon se vengará de ti por eso. —Eso espero —dije caminando de vuelta a la cafetería. —Bueno, nos vemos en la salida —asentí y agarré la mochila dirigiéndome al baño para cambiar mi estropeada camisa. Vi mi reflejo en el espejo, el cabello lo tenía enmarañado y mi rostro estaba acalorado, vertí un poco de agua en el para refrescarme. Me saqué la camisa quedando en b*****r, tomé la otra que traía conmigo en la mochila y me la coloqué rápido. Esta vez si era de mi talla, mamá se había encargado de comprarme más, por mancharme las que tenía. Salí del baño para ir a la siguiente clase, ciencias sociales. No me era tan tediosa esa materia, de hecho, me gustaba, no tanto como literatura, claro está, pero me resultaba interesante. Ingresé al aula que aún se hallaba con pocos alumnos, me senté adelante y comencé a jugar en mi móvil para no estar aburrida. A los pocos minutos llegó la profesora Rachel. *** Caminé por el pasillo saliendo de la preparatoria, Matt me avisó que no podría llevarme, por lo que me iría a pie hasta mi casa. —¡Jen! —me detuve al oír que me llamaban. —Ah, eres tú —dije al ver que era Alex. Mostró una sonrisa ladeada, estiró su mano hacia mi entregándome el dinero que me debía. —Allí tienes mi pago para la otra semana —explicó mirándome. —Gracias —murmuré guardando el dinero en la mochila. —¿Ya te vas? —me preguntó y  asentí con la cabeza. —Igual yo. Nos encaminamos a la puerta, bajando los pequeños escalones. Se dio cuenta que el auto de Matt no estaba aparcado. —¿Quieres que te lleve? —preguntó. Estuve por negarme, estar en el mismo auto con Donovan no me parecía buena idea, pero deseaba tomar un baño urgente y dormir toda la tarde. Así que decidí aceptar aquel aventón hasta mi casa. Subimos al auto y nos marchamos de la preparatoria. —¿Cómo está Jessica? —Preguntó de manera amigable. —Bien, trabajando, ya sabes —contesté sin dar mucha explicación. —¿Aún sigue en el mismo bufete? —asentí. Nos quedamos en silencio, un silencio un poco incómodo. Estaba claro que a Alex no le interesaba saber como mi mamá, puesto que nunca estuvo de acuerdo en la relación que mantuvieron su padre Renan con mi madre. El señor Donovan era dueño del bufete de abogados más prestigiado de la ciudad, digamos que uno de los más importantes. La relación de nuestros padres sucedió antes de que me confesara sus sentimientos. Y la otra razón por la que no le correspondí fue porque dijo que mamá estaba con Renan solo por su dinero. Aunque tenía doce años entendí que llamó a mi madre interesada, no aceptaría que se dirigiera de esa manera a la mujer que me dio la vida. Así que, lo rechacé delante de todos sus amigos y compañeros de clases. Esto no lo más sabía nadie, excepto Matt al que le contaba todo. —Llegamos —anunció aparcando frente a mi casa. —Muchas gracias por traerme —dije con una sonrisa de boca cerrada y me dispuse a bajar de su auto. Me despedí con la mano, recibiendo un asentamiento de su parte. Entré a casa la cual se hallaba sola, leí la nota que mamá había dejado. 'Llegaré tarde, encarga pizza para ustedes dos y por favor busca a tu hermano donde la señora lisa.' Suspiré. Subí a mi habitación y tomé una rápida ducha para ir a recoger a Jesse. La señora Lisa era una dulce vecina que vivía a dos cuadras de mi casa, se ofrecía a cuidar de mi hermano cuando mamá tenía que quedarse más tiempo en el trabajo. Me cambié por una polera holgada, unos vaqueros oscuros y mis Vans negros. Salí de la casa con los auriculares puestos, la canción de Jackson Wang inundó mis oídos. Caminé despacio haciendo movimientos con mis manos, desde pequeña me fascinaba el baile, sobre todo la danza contemporánea. Esta surgió como una reacción a las formas clásicas y probablemente como una necesidad de expresarse más libremente con el cuerpo. Era una clase de danza en la que se buscaba expresar una idea, un sentimiento, una emoción, pero mezclando movimientos corporales propios del siglo XX y XXI. Así lo había leído una vez en cierto artículo, y fue desde ese momento que sentí una conexión especial con la danza.
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