El viernes había llegado, me desperté treinta minutos antes de que sonara la alarma. tomé una ducha, me vestí y bajé por mi desayuno.
—¡Jen! —saludó Jesse al verme.
—Hola travieso —dije revolviendo su cabello.
Mamá me tendió un plato de huevos revueltos con tocino y tostadas francesas. Serví un poco de zumo de naranja y le acerqué el vaso de leche a mi hermano.
—¿Matt vendrá por ti o te irás conmigo? —trago la comida para responderle a mamá.
—Me iré contigo —dije.
Terminé mi desayuno y me levanté a lavar mi plato. Tomé una manzana de la despensa y la guardé en la mochila junto a mi almuerzo.
—Cariño, hoy no podré recoger a Jesse a la escuela, ¿Podrías ir por él? —asentí de acuerdo. —Bien, gracias.
Bajé al pequeño travieso de la silla y esperamos a que mamá fuera por su bolsa e irnos a nuestros respectivos lugares.
La escuela de Jesse quedaba cerca del trabajo de mamá, por eso me traía primero y luego llevaba a mi hermano. Había llegado temprano, tanto que aún no veía el auto de la profesora Willow, ella era la más puntual de todas, venía una hora antes a la preparatoria, todos los alumnos desconocíamos la razón.
—Adiós mamá —me despedí besando sonoramente su mejilla.
—No vemos en la noche linda —dice y deja un casto beso en mi frente.
—Sí —volteé a los asientos traseros y pellizqué la regordeta mejilla de Jesse —Pórtate bien, pollito.
Me dio una de sus miradas inocentes haciéndolo ver tierno.
Bajé del auto y colgué mi mochila en un hombro, caminé a la entrada e ingresé a la preparatoria. Fui a mi casillero para tomar el libro que llevaba leyendo desde hace una semana, así no estaría tan aburrida mientras esperaba a que Matt y Claire llegaran.
Comencé a leer perdiéndome en la interesante historia, era amante del romanticismo y todo lo relacionado con ella. Ya había llegado a mi parte favorita, el beso entre Emilie y Jayden, los protagonistas. Leía en voz baja el narrado beso donde Jayden le confesaba su amor a Emilie, y decía que cambiaría por ella. Ya no sería el chico malo del cual todos temían, a Emilie le saltaron las lágrimas al escucharlo, se lanzó a sus brazos y unió sus labios en un desesperado e intenso beso. Cuando sus bocas se juntaron un mundo de sensaciones inundó el cuerpo de Emilie, sintió como cada músculo se relajó y su mente quedó en blanco.
Los labios de Jayden estaban tensos, pero después de unos segundos le siguió con d***o. Sus manos viajaron a sus caderas y la acercó más a él, su beso empezó a cobrar más intensidad y Emilie se atrevió a poner sus brazos alrededor de su cuello.
Solté un suspiro leyendo aquella escena tan romántica, no obstante una voz gruesa que reconocí al instante me hizo soltar un grito, coloqué la mano en mi pecho que palpitaba desbocado por el susto.
Miré al causante de mi mini infarto. Asthon tenía el cuerpo recargado del marco de la puerta.
—¿Por qué tus mejillas están rojas? —interrogó subiendo una de sus cejas, mis manos fueron directo a la zona enrojecida.
No noté que me había sonrojado.
Y, ¿Cuánto tiempo llevaba él allí? Pensé.
Cerré el libro rápido antes que se pusiera a husmear. Obviamente que no le iba a decir la razón de mi sonrojo.
—¿Qué te incumbe? —mascullé con molestia.
No vi venir cuando se acercó a donde estaba y me quitó el libro,
me levanté como un resorte de la silla para no permitir que viera lo que leía.
—¡Asthon, devuélveme mi libro! —Demandé irritada.
Di un paso al frente dispuesta a quitarle mi libro. Asthon lo sostenía en alto, me acerqué a él para arrebatarselo de las mano, pero antes que pudiera hacerlo, alzó su brazo y debido a su gran estatura, me fue imposible alcanzarlo.
—Uh uh, no voy a dártelo —negó con una sonrisa mostrando sus blancos dientes.
—¿Es en serio? —Pregunté con fastidio.
—Sí —asintió sin borrar su burlesca sonrisa —quiero saber que te hizo suspirar y sonrojar.
Lo que quería era molestarme, es lo que siempre hacía de pequeño, hasta hacerme llorar. Crucé los brazos sobre mi pecho intentando no darle el gusto de verme enojar, aunque tuviera que soportar los comentarios burlesco que haría al leer la escena del libro.
—A ver qué dice aquí... —Sus ojos se abrieron y tapó su boca con la mano, fingiendo sorpresa por lo que leía. —Jenna, y yo que te creía inocente.
—¡No es cierto! ¡Solo es un beso! —defendí sintiendo mis mejillas encendidas.
Seguido de esto soltó una sonora carcajada, lo fulminé con la mirada y le arrebaté el libro.
—Sigues siendo tan tierna cuando te enojas, tayir saghir—dijo esto último en, ¿Árabe?
No me pareció tan extraño que supiera hablar aquel idioma tan complicado, pues vivió parte de su adolescencia allá con su padre.
¿Qué significará lo que me dijo? Pregunté internamente.
Se quedó allí parado mirándome fijamente por unos largos segundos, después caminó hasta la puerta y se marchó sin más.
Tenía curiosidad de saber que me había dicho, era difícil pronunciarla. Preferí no darle importancia y me dirigí al campus.
***
Suspiré aliviada viendo la calificación, habíamos aprobado con un 79,9 en la obra de Romeo y Julieta. No estaba nada mal, de hecho era la nota más alta que había sacado en una obra.
Me encaminé a la cafetería con Matt, lo acompañé a recoger su comida y buscamos una mesa desocupada. Hallé en una de las mesas de atrás a una Claire nuevamente con su cabello n***o, solo que ahora estaba mucho más corto. La vi charlar con Min, nos acercamos a ellos.
—¡Hey! —saludó Matt al llegar. —Claire, ya eres pelinegra de nue...
Golpeé su estómago para que se callara. Me miró sin entender el porqué de mi golpe, le hice una señas diciéndole que luego le explicaría.
—¿Qué hay de nuevo chicos? —pregunté sentándome al lado de Min. Este ni se molestó en mirarme, se dedicó a comer de su comida.
—Genial amiga, le comentaba a Min que me aceptaron en el equipo de porrista. —Dijo mostrando el uniforme azul con blanco.
—¡Vaya! !Eso es estupendo Clai! —estaba feliz por ella, estar en el equipo de porrista había sido su sueño desde hace algún tiempo.
—¡Sí! —acomodó el flequillo rebelde detrás de su oreja. —Hoy comienza mis prácticas con las chicas. Oye, ¿saben que nota sacamos en la obra?
—Un 79,9 —le dijo Matt.
—Fuimos los segundos con la calificación más alta, la primera fue Owens y su grupo. —Mencioné blanqueando los ojos.
—Parece que nunca lograremos estar delante que Owens. Pero la nota no está tan mal Jen, al menos aprobamos —me alentó Claire.
—Sí, supongo...
Le di un sorbo a la gaseosa de limón que me había comprado en la cafetería.
—¿Qué harán mañana? —los tres miramos a Matt.
—Yo, nada de nada. —Respondió Claire.
—Estudiar —murmuró Min.
¿Estudiar, dijo? ¿Quién hace eso un día sábado, cuando puede aprovecharlo para hacer algo divertido?
Este chico sí que es extraño. Pensé. Bueno, inceramente tampoco es que era la chica más extrovertida de la fas de la tierra, mis fines de semana consistían en quedarme con el pijama puesta hasta el mediodía, viendo un maratón en Netflix, y el resto de la tarde me la pasaba leyendo cualquier libro interesante. Sin nombrar que también debía ir de compras con mamá al supermercado, lo cual me resultaba de lo más molesto.
—Planeta llamando a Jen —Matt sacudió la mano frente a mi haciéndome parpadear.
—Eh, no haré nada, ¿Por qué? ¿Qué tienes en mente? —me acomodé en el asiento para escuchar sus planes.
—Que podríamos ir mañana al nuevo parque temático, ¿Qué les parece? —preguntó entusiasmado.
—¿Y por mejor no vamos hoy? —propuso Claire. Matt y yo estuvimos de acuerdo y nos encargamos de convencer a Min para que también aceptara.
***
Acababa de recibir un mensaje de Matt avisándome que me esperaba afuera de la casa. Opté por dejarme el cabello suelto con unas suaves ondas naturales, escogí un pantalón n***o ajustado a mi cintura, pero me quedaba holgado en las piernas, y una camisa de algodón color celeste.
Bajé al living y agarré el abrigo por si la noche estaba muy fría, salí de casa y me acerqué al auto de Matt.
—¿Claire y Min no irían con nosotros? —Pregunté al no verlos.
—Ellos ya se adelantaron, Min la recogió hasta su casa y nos están esperando en el parque. —Explicó.
—Oh. —Dije y me abroché el cinturón.
Matt puso en marcha el auto, nos adentramos a las concurridas calles, la ciudad era mucho más hermosa en la noche por los enormes edificios iluminados. Llegamos al lugar, ingresamos por la entrada principal y esperamos unos minutos para poder estacionar el auto.
Divisamos a los chico cerca de los locales de comida, también se encontraba Asthon y la chica gótica la cual no conocía por su nombre. Saludé a Claire y a Min, hice un asentimiento con la cabeza hacia el pelirrojo. Me acerqué a la pelinegra y me presenté.
—Hola, soy Jenna pero puedes decirme Jen, un gusto conocerte —dije con una sonrisa amable, estiré mi mano hacia ella.
—Hellen —habló con un tono que no supe decifrar, no sé si fue de indiferencia o tal vez era su forma de ser.
Era una chica muy simpática, su era tan blanca como la nieve, sus ojos azules resaltaban en su rostro, una diminutas pecas salteadas cubrían parte de sus mejillas, y tenía unos labio finos con un piercing labret en la parte inferior de su boca.
Después de detallar a la misteriosa chica, fuimos a la primera atracción, el enterprise, luego los chicos decidieron ir al
giro de inclinación, el columpio de oscilación, el tornado y el giro superior. Preferí ir por un lindo peluche el cual debía atrapar, pero ponía en duda mi habilidad para atinarle al oso mientras hacía maniobra con el aparato.
Al final de muchos intentos fallidos, logré conseguirlo. Era un precioso oso panda con un corazón en el centro. Chillé como una niña pequeña al tener un juguete.
—¿Quieres ir por algo de comer? —Asentí hacia Claire de acuerdo.
Ya era más de las nueve y mi estómago gruñía, a lo lejos vimos un local lleno de personas, así que caminamos hacia el.
—Veré si pueden atendernos rápido —dijo Claire al darse cuenta que debíamos hacer una fila larga para poder comprar.
—De acuerdo, te espero aquí —asintió y se fue al local de comida.
Saqué el móvil de la pequeña bolsa que traje conmigo, entré a i********: y vi que tenía una nueva notificación, la abrí y vi que se trataba del mayor de los Hartmann.
—Asthon le gusta tu publicación —leí en voz alta. Fruncí el ceño al notar que el pelirrojo estuvo husmeando mi cuenta.
—¡Jen!
Levanté y vi a Claire que venía corriendo con dos dulces en cada mano. Sonreí mientras negaba con la cabeza.
—¿Cómo...
—Harry trabaja allí —Me interrumpió. —le dije que estaba con unos amigos y que necesitábamos comida pero era imposible con tantas personas que también comprarían. —Explicó tendiéndome un panecillo espolvoreado con canela y azúcar.
—Está delicioso —digusté aquel delicioso dulce llamado orejas de elefante.
—Sí, espero poder conseguir más —me reí al ver que su nariz estaba embarrada por la azúcar.
—Vamos a dónde los chicos, deben de estar buscándonos. —Comenté limpiando la nariz de Claire.
Nos fue difícil caminar entre todos las personas que parecían no mirar al resto mientras caminaban. Los esquivamos con cuidado de no ser aplastadas por el montón.
Matt nos hizo una seña con la mano desde donde estaban, llegamos hasta ellos. Discutían sobre cuál sería la siguiente atracción.
—La montaña rusa sería lo máximo —escuché decir a Asthon.
—¡Sí! —Matt choco la palma con su hermano.
—Nunca he subido, pero se ve divertida —aceptó Claire.
Min y Hellen también estuvieron de acuerdo, solo faltaba yo, y la mirada de los chicos puesta sobre mí, me lo confirmó.
—Bueno... —buscaba las palabras para explicarles que le temía a las alturas, pero no quería parecer una cobarde.
—¿Tienes miedo? —miré como Asthon me retaba.
¿Qué si tenía miedo? Puf, me daba pavor las alturas, pero no se lo demostraría.
—Jamás —Declaré fingiendo estar segura de mi misma, haciendo que los demás soltaran una risita entusiasmados por subir a la bendita montaña rusa.
Claire enganchó su brazo con el mío y me arrastró para la atracción que más temía. El resto nos seguía detrás, al llegar el encargado nos pidió los tickets, y nos dejó entrar. Hicimos una corta fila, me quedé de última junto a Asthon que me lanzaba uno que otro comentario de burla.
Idiota.
Matt se subió al tren de acero, en la parte de atrás Claire y y Min. Vi como Hellen subía en el otro y Asthon pasaba por mi lado para hacer lo mismo.
—¡Vamos Jen! —alentó Matt.
—No, yo... —sentí como mis manos comenzaban a sudar.
El encargado anunció que se colocaran los cinturones y dio otras indicaciones que no logré escuchar por el fuerte zumbido de mis oídos. Los demás no parecieron notar el ataque de pánico que estaba sufriendo en ese momento.
—Me subiré con ella para la siguiente, ve con Matt —les dijo Asthon.
Observé a Hellen subirse al lado de Matt, el tren comenzó a moverse lentamente y no pude ver más porque Asthon me tomó de la mano y me sacó de aquel lugar.
Agradecí aquella acción de su parte, nos detuvimos en unas bancas y nos sentamos en ellas. Bajé la mirada a nuestras manos que aún seguían entrelazadas, la aparté con cuidado y las coloqué en mi regazo.
—¿Qué sucedió allá? —preguntó Asthon luego de unos minutos de silencio.
Estuve tentada a contestarle que no era su problema, pero me vi diciendo la verdad.
—Se llama acrofobia —susurré sintiendo su mirada en mí — es un miedo irracional y extremo a las alturas, que genera ansiedad y conductas de escape o evitación ante situaciones que conlleven estar en alturas.
—¿Lo que te dio hace poco fue un ataque de pánico? —asentí con la vista fija en mis zapatillas. —Lo siento, yo no sabía. —Dijo arrepentido por retarme a subir a la montaña rusa.
Solté una risita amarga, su ceño se frunció en completa confusión.
—¿Cómo lo ibas a saber si nunca te has preocupado por otra persona que no seas tú? —susurré, no pretendía sonar enfadada, pero no pude ocultar el enojo al inquirir —. Sigues siendo el mismo de antes, nada ha cambiado.
No sabía descifrar exactamente lo que vi en sus ojos, era una mezcla de sorpresa, no se esperaba que le dijera eso, también vi rastro de vergüenza y lo que suponí como arrepentimiento.
No esperé a que me dijera otra cosa, me levanté de la banca y marqué el número de mamá para que viniera por mí.