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2283 Palabras
Pasé la mañana encerrada en mi habitación, me desperté temprano al sentir un poco de malestar en la parte baja de mi vientre. Me levanté a duras penas por los espasmos abdominales que sentí, fui al baño y tomé una larga ducha caliente para aliviar el dolor. Luego de vestirme con una polera gris y unos shorts cortos bajé a desayunar. Jesse devoraba su cereal con leche como si no hubiera comido en años, verlo con sus bigotes blanco me causó gracia. —Hola mamá —saludé al verla con su delantal de cocina. —Hola, cielo, ¿Cómo amaneciste? —sé que lo preguntaba por lo de anoche. —Bien, supongo —me levanté para ir por un vaso de jugo de naranja. —Iré a casa de Matt —comenté subiendo a la habitación. Mamá no tenía problema en darme permiso para quedarme en casa de los Hartmann, su confianza hacia la familia era tan grande que incluso me permitía  irme de vacaciones con ellos para lugares que quedaban fuera de la ciudad. Me coloqué mis Nike blancos y recogí mi cabello en una desordenada trenza. Salí de la habitación, bajé las escaleras y fui a la cocina para avisarle a mamá que ya me iba. —¿Te quedarás o vienes más tarde? —preguntó. —No, vendré en la noche —dije agarrando una galleta de jengibre y un yogurt para comerlo por el camino. —Bien, cuídate cielo —ordenó besando mi frente. —Te amo. —Lo haré, adiós mamá —me despedí. Salí de casa y subí a mi bicicleta, tenía días que no manejaba, prefería caminar para hacer un poco de ejercicio. Además que la última vez que había manejado bicicleta casi terminé atropellada, desde ese día decidí no manejar al menos que fuera cerca de casa, y como Matt vivía cerca, no tenía ningún problema en irme en bicicleta por las solitarias calles. Tardé cinco minutos en llegar hasta la gran mansión, el señor de seguridad ya me conocía por lo que al verme me dejó entrar a la residencia de los Hartmann. Dejé la bicicleta cerca del auto de Matt, un Audi S30 color blanco, caminé hasta la puerta y toqué el timbre, a los pocos segundos la señora Fanny, empleada de la familia, me sonrió y me dejó ingresar al interior de la mansión. —El joven Matt se encuentra en la piscina —informó Fanny, le agradecí con una sonrisa. Me dirigí hasta allá, recorrí el extenso jardín y llegué hasta la enorme piscina. Vi a mi amigo sentado al borde de esta, como no había notado mi presencia, pude acercarme hasta él y empujarlo al agua, algunas gotas salpicaron mi ropa. —¡¿Estás loca?! —exclamó exagerado. Me encogí de hombros mientras me sentaba en la tumbona. Escuché como Matt salía de la piscina y se acostaba en la tumbona de al lado. —¿Por qué te marchaste sin avisar? —no era necesario preguntarle de qué hablaba. —No me sentía bien, sabes que  sucede cuando va a bajar mi menstruación. —Comenté. No le diría la verdadera razón por la que me marché ayer del parque, no quería darle detalles sobre mi fobia a las alturas y menos la corta charla que tuve con su hermano. Matt no insistió más en el tema y hablamos de los planes que tenía su familia para las vacaciones de verano. —Mis padres tienen pensado ir a Hawaii —dijo. A pesar de la dolorosa separación de los progenitores de Matt, estos aún seguían manteniendo una buena relación por el bienestar de sus dos hijos. Y bueno en parte era porque sus sentimientos todavía no habían acabado y seguían amándose. —¿En serio?—expresé sorprendida—eso será estupendo, Matt. —Sí, allí podría surfear —asentí con una sonrisa. —Mamá dijo que quiere llevarte, lo merecemos por ser tan estudiosos, según ella. Solté una risita por lo que había dicho la señora Alene, ella siempre me incluía en sus planes, era como la hija que nunca tuvo. —Aprovecharemos esas vacaciones al máximo —Matt sonrío de acuerdo y descansó su brazo encima de sus ojos cerrados. Giré la cabeza viendo a Asthon caminar por el jardín mientras hablaba por el móvil. Estaba vestido con unos pantalones cortos y una sudadera negra. Me quedé detallando su expresión relajada que no siempre veía en él, traía el cabello desordenado, parecía haberse levantado hacía poco, debo admitir que lucía sexi. Sus ojos fueron a parar a los míos y mis mejillas se encendieron por estar mirándolo infraganti. Aparté la vista de él y la posé en mi mejor amigo que parecía estar tomando una corta siesta. Me sentía un poco avergonzada por la actitud que tuve anoche, no fue mi intención decirle a Asthon que seguía siendo un completo imbécil sin sentimientos en cuanto a su comportamiento, sobre todo conmigo. Pero sabía que no fue correcta la manera en que se lo dije y debía mejorar en ese aspecto. Elevé la cabeza al mirarlo frente a mí, no pensé que se acercaría. —Hola —me sonrío de lado con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones. —Hola —susurré por lo bajo. —¿Cómo estás? —se sentó en la otra tumbona. —Si lo dices por lo de ayer, estoy bien, gracias por preguntar. —Contesté con la vista fija a la piscina. —¿Qué tal tú? Eso no se escuchó para nada bien, a como había sonado en mi mente. Sí, definitivamente debía mejorar en eso de responderle amablemente a los demás. —Lo siento Jen, de verdad lo siento mucho —dijo ignorando mi tono cortante. —¿Me perdonas? Lo miré fijamente buscando cualquier rastro de broma en él, más no lo conseguí. Su semblante permanecía serio, estiró su mano  para que la estrechara con la suya. —Todos merecemos segundas oportunidades, ¿No? —dije apretando nuestras palmas. Sentí como una corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo, noté que Asthon también logró sentir lo mismo, ya que apartó su mano como si la mía quemara. —Bueno, me alegra que estemos bien —dijo levantándose de la tumbona. —Nos vemos luego, Miller. —Claro —nos sonreímos y se marchó hacia la mansión. Fue imposible apartar la mirada de su trabajado cuerpo, tenía músculos en todas partes, pero estos no eran excesivamente voluminosos. Su espalda estaba ancha pero tampoco parecía reventar la sudadera, sus piernas lucían tonificadas y atléticas. Un carraspeo me hizo apartar la mirada de Asthon, volteé a ver Matt, este tenia una ceja levantada y los brazos cruzados sobre su pecho. —Creí que tendría que buscar un pañuelo para limpiar tu baba —soltó una risa burlona. —¿Qué dices? ¡No estaba babeando por tu hermano! —repliqué defendiéndome. —He visto mejores. —Mentí —Eso no es lo que parecían decir tus ojos —golpeé su brazo, causando una estruendosa carcajada de su parte. *** Llegué a casa antes que cayera la noche, Matt me había traído en su auto para poder cambiarme rápido y así ir a la fiesta de Harper, fiesta a la que no estaba invitada. Pero Matt insistió en convencerme de que la invitación decía que podían llevar a otra persona y que además iba a ver mucha comida, a lo que acepté sin rechistar. Bajé al living donde me esperaba Matt y mi madre, Jesse ya se había quedado dormido. No me esforcé mucho en arreglame, opté por unos vaqueros oscuros  ajustados a mis muslos, y una sudadera rosa pálido. —Estoy lista —anuncié comiendo unos crujientes Doritos. —Me sorprende que en ese estómago tuyo quepa tanta comida. —Dijo Matt. Coloqué los ojos en blanco, ya era la décima vez que me lo decía. ¿Acaso los hombres son los únicos en tenían un gran apetito? Por supuesto que no. Y lo decía con total seguridad porque podía comer la misma cantidad de comida que un chico. Salimos de la casa no sin antes escuchar un "cuídense y no lleguen tarde" de parte de mamá. Terminé de comer mi Dorito, deseaba llegar rápido para tomar algo beber, mis labios estaban salados y no había traído conmigo una botella de agua. Matt aparcó el auto en el estacionamiento, bajamos de el y nos dirigimos a la entrada que se hallaba infestada de jóvenes que ya estaban ebrios, algunos todavía sobrios y otros que charlaban amenamente. Al entrar al interior de la mansión, las luces led inundaban todo el living que estaba siendo utilizado como pista de baile. Sonaba una canción muy movida, el volumen era tan fuerte que parecía retumbar las paredes de la casa. Le grité a Matt diciéndole que iría por una bebida, estaba sedienta. Caminé por toda la pista intentando no tropezar con los cuerpos sudorosos que se movían al ritmo de la música. Logré salir de allí y llegué a lo que me imaginé que era la cocina, encima de la isla habían bastantes vasos rojos con un líquido oscuro que no tenía la menor idea de que era. Agarré el más lleno y lo bebí de un trago, hice una mueca al sentir como me quemaba la garganta, su sabor era una extraña mezcla de limón con alcohol. Jamás me había embriagado, y esperaba que con otro vaso de ese líquido refrescante no me sucediera nada. Mi cuerpo no era tolerante a tanto alcohol. Estuve por agarrar otro vaso rojo, pero unas voces provenientes del living me hicieron entrar en pánico, así que me encondí en la primera puerta que vi. No quería que me tacharan de ladrona por estar robándome las bebidas. Las voces se escucharon más cerca, abrí un poco la puerta al sentirme acalorada en el pequeño y reducido espacio en el que me encontraba. Me asomé por la r*****a y vi que una de las  voces pertenecía a Harper, esta hablaba con dos chicas y un chico de piel oscura. —Jake, ¿Le agregaste la cantidad de alcohol que te dije? —Owens le preguntó al chico y este asintió. —Sí, también tienen Vodka Spirytus, es el más fuerte —comentó. —¡Perfecto! —dijo Harper. —Haré que esta sea la mejor fiesta,  los demás no dejarán de hablar de ella por toda una semana. Sonrío dejando ver su blancos dientes, se fue con su típico caminar perfecto en esos tacones de infarto, sus amigas y el chico llamado Jake le siguieron detrás. Salí de mi escondite y caminé hacia la salida no sin antes agarrar otra vaso de vodka. Divisé a un chico alto que tenía agarrado a Matt por la camisa, abrí los ojos cuando vi como lo elevaba del suelo. ¡Oh por Dios! Corrí hasta donde estaba mi amigo para ver lo que sucedía, las personas no tardaron en formar un círculo alrededor de ellos. Empujé a varios para poder llegar hacia Matt, no sabía porqué aquel chico que por lo visto estaba ebrio, quería golpear a mi mejor amigo. —¿Acaso no soportas el alcohol, nenita? —desafió el grandulón. Matt sonrío mostrándose calmado ante aquel chico que parecía tener ganas de pelear. —No, no es eso amigo, hoy no me provoca tomar, eso todo. —confesó tratando de calmar al chico. —¡Cobarde! —vociferó en la cara de Matt. —Perdiste en el juego y el que lo hiciera debía beber todo ese alcohol, ¡Hazlo, si no quieres que estampe mi puño en tu lindo rostro! —¡Oye, tú! —llamé haciendo que el enorme chico volteara a verme. —No hay necesidad de golpear a nadie, yo lo tomaré por él. No estaba segura de lo que hacía, pero en ese momento no estaba pensando en nada. El alcohol ya estaba comenzando a surtir efecto en mi sistema, y me sentía enérgica, demasiada enérgica para mi gusto. —Jen, no lo hagas —ignoré a Matt y me acerqué a la mesa donde estaba los siete vaso llenos de vodka. —¡Vamos Jen, tú puedes! —me alentaron varios chicos. Agarré el primer vaso y lo bebí sin pensarlo dos veces, así hice con el segundo y el tercero, hasta llegar al último donde me sentía mareada y acalorada. Los demás gritaban y saltaban a mí alrededor, creo que igual de ebrios que yo. El grandulón chocó su mano con la mía, satisfecho por verme beber todo ese alcohol. Comenzó una canción muy movida y unas enormes ganas de bailar me inundaron, estaba clara que al siguiente día me iba a arrepentir, pero por el momento no estaba pensando en absolutamente nada. Fui arrastrada por un chico hasta la pista y me dejé llevar por el ritmo de la música, el calor que hacía era insoportable, por lo que me quité la sudadera quedando solo b*****r. Algunas chicas se subieron a la mesa y bailaban moviéndo sus caderas, me uní a ellas sintiéndome la chica más divertida de la fiesta, pero un fuerte mareo hizo  detenerme. Reí sin saber porqué, el sudor  bajaba por mi cuerpo debido al calor del ambiente, sentía el vaquero apretando mi abdomen, de modo que traté de bajarlo sin importarme estar en ropa interior al frente de todos estos jóvenes. Unas manos no me lo permitieron, subí la mirada para ver quién era el entrometido, pero mi vista estaba borrosa. El sujeto cargó conmigo en su hombro como si se tratase de un saco de papas, iba a gritarle que me bajara pero todo se volvió n***o.
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