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2156 Palabras

Desperté sintiendo un terrible mareo, ni hablar de la punzada en mi cabeza. Dolía mucho, parpadeé en una habitación ajena, esperen... ¡¿Qué rayos hacía en la habitación de Asthon?!  La enorme cama, todo el espacio varonil y el balón de fútbol americano que adornaba en todo esplendor una mesita de centro.  Asustada y con el corazón a mil por hora, me revisé, pude estar tranquila al verme con ropa, una camisa de hombre que llegaba hasta mis muslos.  Uff, al menos no había pasado una locura.  Recorrí la habitación sintiéndome chiquita en ella, podría decir que era dos veces más grande que la mía. La puerta fue abierta y un Asthon con el torso d*****o y con una toalla enrollada a la cintura, entró mientras secaba su cabello cobrizo con otra toalla en la mano. —Pensé que nunca despertarías

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