El vestido blanco caía sobre el maniquí, estaba ansiosa por usarlo esta misma tarde. -¡No podemos creerlo!- mi madre y abuela entraron a mi habitación. -¡Serás la novia, reina, prometida, más linda!- -Bueno... no lo seré si no nos apuramos para estar listas y estar presentes en la Iglesia- parecía que sólo bastó eso para que un Ejército de profesionales apareciera en mi habitación, desde personal para mi cabello, maquillaje, pedicure, manicure, entre otros cuidado estaba segura que no saldría de aquí en un par de horas. -¡Manos a la obra!- grito mi abuela, ella era la más feliz, aún más por el secreto que ambas compartíamos. Tres meses antes había tomado la decisión de cambiar mi vida y vaya cambio me había llevado. -Alto, bajo, suelto, liso, rizado...- las miles de sugerencias estaba

