Quería correr en estos momentos pero no había a donde huir. A donde quiera que fuese la gente me reconocería. ¡Tenía que ser la reina de Dinamarca! Salí de aquella Iglesia entre el bullicio de la gente, muchos preguntándose que había ocurrido, para cuando llegue al auto no podía siquiera hablar estaba en una especie de shock. -¿Emilie te encuentras bien?- pregunto mi madre preocupada. -Lo estare- sonreí pero era lo más falso que había en el mundo -Ahora vamos a Palacio y en cuanto lleguemos quiero que pidan que realicen la cena...- fueron mis últimas palabras en todo el camino, tan pronto llegamos a Palacio y baje del auto queria ir directo a mi habitación. -Iré a cambiarme, bajaré en un momento- dije mientras subía las escaleras. -¿Necesitas ayuda?- pregunto mi madre. -No, estaré

