CUATRO SEMANAS DESPUÉS. ANASTASIA —Di que sí —es lo primero que escucho salir de la boca de Christian cuando las puertas del ascensor se abren. Cuando lo observo, puedo ver la ansiedad en su rostro. Suspiro cuando veo a nuestro bebé de mes y medio cómodamente protegido en sus brazos. Lo miro con cara de poker, sin dejar que la sonrisa que siento en la comisura de mis labios se escape. Camino hasta él y tomo a Teddy de sus brazos antes de sentarme en el sofá de la sala. Miro a mi bebé y sus enormes ojos azules me miran antes de que una hermosa sonrisa desdentada se extienda por su redondo y sonrosado rostro. Es adorable. —Ana... Sigo ignorándolo. Lo haré sufrir un poquito. Aunque debo tener consideración, ósea, es casi un año sin nada de nada. Tenemos tres años conociéndonos y despué

