Los ojos plateados de David conectaron con los de Kattia. El silencio se intensificó. Ella esperaba una repuesta de parte de él, las acciones de este hombre que tanto quería la confundían, solo sabia como actuar ni que decir, no quería ser más herida, pero él... Él era tan impredecible. En menos de veinticinco cuatro horas todo había cambiado. No apartó la mirada, no podía. Ella quería que él fuera sincero, pero al parecer eso no iba a pasar. Lo supo en el instante en que David apartó la servilleta de tela, volvió a su posición y esquivó el tema. — Hoy tendremos una cena familiar, puedes olvidar el asunto de la compañía por hoy, quiero que te arregles y estés lista para las seis de la tarde, mi familia es bastante quisquillosa con las etiquetas y las cenas— comentó empezando a comer.

