—¿Cómo entraste aquí? —Akira. —Esta no es la habitación de Akira. No tiene permiso para dejarte entrar —le gruño. La verdad es que no me molesta que Akira entre a mi habitación o algo así, pero justo ahora si me molesta que lo haya dejado entrar a alguien. A David, específicamente. —Le dije que de lo que teníamos que hablar era muy importante. —Aparte de entrar a lugares sin permiso del dueño, también eres mentiroso, porque tú y yo no tenemos nada de qué hablar. David se aleja de la pared en la que se encontraba recostado y se acerca a mí, alzando una ceja. —Creo haber oído que me decías hoy en mi oficina que no te volviera a hablar hasta que le pidiera perdón a mis padres y a Rachel, ¿No es eso cierto? Me quedo callada. La impresión de verlo aquí es lo que me enmudece. P

