—¿Estás comprometido? —le pregunto a David, mientras alejo mi cuerpo del suyo a una velocidad impresionante. —No. Esto debe ser cosa de Rachel —dice mientras se mueve hasta su computadora. Mientras David busca los videos de las cámaras de vigilancia para ver quién es sin tener que responder al intercomunicador, yo me ocupo de arreglarme la ropa y el pelo. Me miro en el reflejo de los cristales de la oficina de David, encontrándome con mi cara roja a más no poder y mis labios hinchados. Qué horror. Quien sea que entre por esa puerta se dará cuenta de que no estábamos trabajando. Por el reflejo del espejo puedo ver a David fruncir el ceño con fuerza, mirando la pantalla con horror. Él pasa la vista de la pantalla a mí, haciendo una pequeña mueca de pena. —Bela, necesito que me ha

