—Me alegra mucho que no me hayas plantado.
—No me agradezcas. Si algún día llegara a desperdiciar una oportunidad de comer gratis, Akira me mataría.
Kelly y yo reímos al unísono.
Aunque se me da mal eso de hacer amigos, Kelly y yo congeniamos desde el momento en que nos conocimos.
—Y dime —salimos del ascensor y nos dirigimos hacia la puerta principal de la empresa—, ¿De dónde viene la agradable señorita con la que estoy hablando?
Chasqueo mi lengua.
—Adivínalo.
Al momento de abrir la puerta, Kelly se pone de espaldas a ella para empujarla y así seguir mirándome a la cara.
—¿Serías lo suficientemente cruel como para hacerme esto?
Asiento frenéticamente.
—Y eso que aún no me conoces del todo.
Kelly ofrece la mano para cruzar la calle, cosa que acepto gustosamente. Lo mínimo que me falta es tropezarme y caerme, como las últimas seis veces que he cruzado la calle por ir rápido.
—Entonces conozcámonos.
Hay muchas personas a mí alrededor, pero juraría que hay una que no me quita ojo de encima en ningún momento.
—Bueno, mi nombre es Bela. ¿Y el tuyo?
Kelly ríe mientras se sostiene la barriga.
—Por favor, Bela. Eso ya lo saben todos.
—¿Todos? —él asiente, sonriente—. ¿Se lo dijiste tú? —pregunto, de repente interesada por el tema.
—No exactamente... —él mira hacia atrás, como si fuera un fugitivo en fuga—. Me contó alguien, que incluso antes de que pisaras la planta 27, ya todos sabían tu nombre.
Frunzo el ceño.
—¿Por qué? ¿Tan común es mi nombre en América? —Kelly frena en seco, haciéndome detenerme también en cuanto noto que ya no camina—. ¿Qué dije?
Después de unos segundos más, Kelly retoma la caminata.
—¿En tu casa hay espejos? —pregunta, pero esta vez no deja de mirarme.
—Si, ¿y qué...?
—¿Y te has mirado alguna vez?
—Pues sí.
—¿Entonces qué es lo que no entiendes?
—Mmm... —finjo pensármelo—. El por qué todo el mundo hablaba de mí, quizás.
Sin previo aviso, Kelly me toma de la mano y me arrastra a un restaurante al aire libre por el cual pasábamos.
—Me cuesta pensar que eres tan inocente.
¿Inocente? Esa no sería exactamente la palabra con la que me definiría.
—¿Inocente? No. ¿Algo despistada? Seguro.
Después de habernos puesto en la fila, Kelly se coloca de frente a mí.
—La señorita no se define como inocente... Uhm, me pregunto por qué será —decía mientras alza y baja las cejas repetidamente. Me rio un rato más de las locas del moreno, hasta que llego nuestro turno.
—Seigneur, comment puis-je t'aider? —nos recibe el Hostess del restaurante.
—¿Eh? —Kelly parece confundido—. ¿Es un restaurante francés?
—Eso era obvio, Kelly. En la entrada dice: Le Cottage. ¿Qué creías que era?
Kelly baja la mirada, avergonzado.
—A decir verdad, no leí el cartel. Solo sé que, al verlo esta mañana, pensé que te gustaría mucho el ambiente.
Le regalo una sonrisa de lado.
—No te preocupes, ya lo arreglo yo —me volteo hacia el señor que nos ha recibido. Al parecer, no hay nadie libre que hable inglés—. Bonjour, Monsieur.
—Oh, la dame peut parler français —los ojos canelos del Hostess se abren, maravillados.
—Correct —sonrío, orgullosa.
De algo debe haber servido tener un padre como el que tuve.
—Merveilleux! —él sonríe, encantado—. De quoi avez-vous besoin?
Miro de reojo a Kelly, que me mira a su vez, asombrado. Es un tanto gracioso verlo así, aunque si supiera todo lo que sé, se le cayera la cara a pedazos.
—Pourriez-vous nous donner une table pour deux avec vue sur la rue, s'il vous plaît?
—Assurance, suivez-moi. Je vais les prendre personnellement —nos hace un leve movimiento de dedos, indicándonos que ambos le sigamos.
—No sabía que supieras francés —me murmura Kelly al oído.
—Y yo pensé que sabías leer —al mirar hacia atrás, veo que aún se siente un tanto avergonzado por lo que había pasado antes, por lo que me apresuro a animarlo—. No te sientas mal. No se puede saber todo. Además, agradezco mucho que hayas pensado en mi cuando lo viste. Me encantan los restaurantes al aire libre.
El Hostess nos deja en la mesa y, después de nosotros haber ordenado, nos deja a solas. Levanto la cabeza al sentir que Kelly no aparta su vista de mí.
—¿Por qué me miras? —le pregunto mientras juego con un cubierto de plata.
—Dejamos una conversación a medias...
—Ah, eso —tomo la copa de agua que está a mi lado y le doy un pequeño sorbo—. ¿Qué decías?
—Te preguntaba que si no te das cuenta.
—¿Darme cuenta? —lo miro, extrañada—. ¿De qué?
—De que eres extraordinariamente deseable —suelta de golpe.
Tomo un largo trago de agua, pero no la trago.
El camarero llega con nuestros platos, por lo que Kelly no menciona nada más del tema. Después de haber dejado nuestros pedidos en la mesa, el camarero se retira, llevándose un gracias de nuestra parte.
—¿No vas a decir nada? —dice Kelly, que se le nota nervioso y algo tenso.
—Yo no sé qué decir —me sincero con él—. Nunca me habían dicho nada tan...
—¿Directo?
—Exacto.
Kelly acerca su silla a la mía. No sé si eso está permitido en este restaurante, pero a él no le importa mucho.
—Oye, mírame, Bela —levanto la cabeza y fijo mi mirada en la suya—. Es normal que sea incómodo cuando te den un cumplido, pero...
—Me llamaste deseable.
—Porque lo eres, y mucho —siento mis mejillas enrojecerse ante esa confesión—. Pero si te molesta eso, prometo que nunca más volveré a decírtelo.
Abro la boca para hablar, pero una llamada me interrumpe. Le pido disculpas a Kelly y me aparto un poco de él para poder hablar con tranquilidad.
—¿Sí?
—Quince minutos de retraso. Debe de ser muy buena la plática como para olvidar que trabajas.
Cuelgo al instante.
—Oh, no puede ser cierto.
Me apresuro a la mesa para coger mi bolso y pagar la cuenta.
—¿Qué pasa?
—Vamos tarde.
Kelly se pone de pie al instante.
—Lo siento mucho, es mi culpa.
—No, nada de eso. Olvidé completamente mirar la hora.
Cuando llega el camarero a cobrarnos, Kelly da su tarjeta antes de que yo pueda pagar.
—Al menos déjame pagar para poder compensarte.
Acepto su oferta. Lo único que quiero es que no se nos haga más tarde. Aunque eso ya es imposible, pues al llegar a la empresa y ver al supervisor de Kelly en la entrada, supe que estaba en grandes problemas.