Cada quien en su lugar

2094 Palabras

Tener a los abuelos de mi hijo frente a mi puerta podía ser un presagio de algo muy bueno o también de algo muy malo y las caras no eran muy prometedoras, sin embargo, debía ser apremio a toda mi paciencia pues no quería tener una mala relación con ellos desde ahora, —Buenos días, qué sorpresa por favor pasen y tomen asiento—, les dije mientras le daba un beso rápido y casi en secreto a Rashid que se encontraba de último. La señora Rashida antes de ir a sentarse me dio un breve abrazo y luego fue tras su esposo, fue la primera en tomar la palabra pues el señor Ahmed, estaba detallando todo y en los momentos en que nuestras miradas se cruzaban sus ojos estaban cargados de rabia, —Se que es temprano y que estarás por salir al trabajo, pero no podía con la ansiedad—, en ese momento entienden

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