― Marcelo es mío, no dejaré que esa estúpida se quede con él, no lo permitiré ― susurraba Karen furiosa, pues ella quería estar con Marcelo, cueste lo que cueste.
Mientras que Violeta estaba preparándose para salir, quería ver a su padre que estaba en la empresa, pues desde que se casó con Diego ya no vio a su padre, pues él y su madre le hacían mucha falta bajo las escaleras sosteniendo su bolsa estaba por abrir la puerta, pero no pudo abrirla desesperado toca la puerta desesperadamente.
― No puede ser ábrete, maldita sea ― respondía Violeta desesperada tratando de abrir la puerta, pero no podía, por lo que le llama a Diego, quien estaba en el departamento de su amante.
― De seguro es tu esposa ― le dijo Michelle rodando los ojos mientras se quitaba de encima.
― Si la deje encerrada ― respondía Diego con tranquilidad, por lo que Michelle se ríe burlonamente.
― Por eso me encantas porque eres malo ― Hablo Michelle besando a Diego volviendo a hacer el amor con ella.
Sin embargo, Violeta habla a su padre suplicando por un poco de ayuda, pues ella no le gustaba estar en el encierro.
― Papa ― dijo Violeta tratando de calmarse.
― Hija que sucede ― respondió Juan un tanto preocupado.
― Diego me dejo encerrada ― hablo Violeta tratando de calmarse, por lo que Juan colgó el teléfono para ir a la casa de su hija.
Al llegar busco la llave de la casa de su hija hasta que pudo encontrarla abriendo la casa abrazando a su hija que lloraba amargamente.
― Ya no aguanto más papa, ya no quiero vivir más ― susurraba Violeta llorando desesperadamente.
― Tranquila hija, veré la manera de divorciarte ― le dijo Juan calmando a su hija.
― No, papa, no quiero que Diego te haga daño o que vuelva a regresar a la cárcel ― le dijo Violeta temerosa.
― Nada pasará mi niña Diego va a pagar por todo el daño que ha hecho a esta familia ― hablo Juan jurando hacer justicia intentando calmar a su hija, que estaba nerviosa por todo lo que había pasado.
Sin embargo, Juan espero a que Diego llegara hasta que por fin había llegado.
― Suegro no pensé verlo ― respondió Diego cínicamente.
Puesto que Juan sin decir nada le da un golpe haciendo que él cayera hacia atrás.
― ¡Última vez que dejas a mi hija encerrada, infeliz! ¡La vuelves a dejar encerrada y que refundo en la cárcel! ― hablo Juan furioso agarrándole del cuello de la camisa, pues él no iba a permitir que su hija estuviera casada con un monstruo como Diego Salazar.
Por lo que Diego intentaba con todas sus fuerzas zafarse de Juan, quien estaba cegado por la ira, quería matarlo, quería hacerle pagar por todo el daño que le estaba haciendo a su hija cuando Violeta lo toma de las manos.
― Papa suéltalo, por favor no te ensucies tus manos ― le dijo Violeta, pero Juan se negaba a soltarlo. ― Por favor papa no vale la pena ― le dijo Violeta insistiendo en que lo soltara, por lo que después de tanto decide soltarlo.
Haciendo que Diego tosiera fuerte tratando de regular su respiración, mientras que Juan abrazaba a su hija como si con ello la protegiese de cualquier peligro.
― Estás, advertido, infeliz, te vuelves a acercar a mi hija y pagarás caro todo lo que has hecho ¿Me oyes? ― le dijo Juan furioso por lo que Diego vuelve a irse...
Mientras que Karen esperaba con el celular en la mano quería cerciorarse de que Marcelo no estuviera con Violeta, estaba cegada de celos y como no estarlo si había visto fotos de su antiguo amor, fotos de cuando ellos eran felices, cosa que a ellos no le hacía muy de gracia la odiaba tanto que investigaría quien era Violeta Ferrara.
― Muy pronto sabré quién eres Violeta Ferrara muy pronto ― pensaba Karen mientras rompía una flor entre sus bien cuidadas uñas.
Más noche Violeta se encontraba leyendo un libro, aquel libro que ella compró para evitar volverse loca en esa jaula de oro que tenía como casa tomando de su te cuando de pronto escucha un estruendo era su esposo Diego que había llegado muy borracho haciendo que ella se sobresaltara por lo que ella apaga las luces para así no ser molestada por él, pero la suerte no estaba de su lado, ya que ella había encontrado despierta.
― Mira quién está aquí, mi esposa perfecta ― hablo Diego haciendo que ella solo lo mirara sería.
― Déjame en paz y lárgate ― hablo Violeta furiosa.
― Yo no me iré menos al saber que mi esposa aún no me ha cumplido como mujer ― respondió Diego, sosteniendo fuertemente la quijada de su esposa, haciendo que ella gimiera de dolor o mejor dicho aullara.
― No pienso cumplirte como mujer menos a un ser despreciable, desde el día que me case mi vida ha sido un infierno, un infierno el que quiero que acabe ― le respondió Violeta furiosa haciendo que él soltara una fuerte carcajada.
― Jamás lograrás que el infierno acabe querida esposa y escúchame bien, jamás te dejaré el camino libre con el estúpido de Marcelo lo vuelves a buscar y te juro que soy capaz de matarlo ― le amenazo Diego haciendo que ella se fuera de la habitación de huéspedes.
Estaba desesperada tanto que quería morirse o mejor dicho irse sin decirle nada a nadie, pero hasta para escapar era un sueño, un sueño que jamás va a realizarse, pues estaba condenada a vivir a una historia sin amor.
― ¡Cómo es posible que prefieras a un inepto como Diego Salazar! ― le grito Juan a su esposa Eva, que solo fumaba nerviosa su cigarro.
― Yo simplemente aseguré su futuro ― hablo Eva dándole una calada a su cigarro.
― Si un futuro que es un infierno para ella, ¿acaso no te das cuenta de que tu hija sufre? ― le recrimina Juan caminando de un lado a otro.
― Por favor, Juan, Diego, tiene todo lo que mi hija puede soñar, estabilidad social, lujos, joyas, así que no me recrimines nada que yo solamente asegure su futuro ― le respondió Eva dejando su cigarrillo a un lado.
― Si le pasa algo a mi hija en manos de ese canalla, escúchame bien Eva tú y yo nos divorciamos ― hablo Juan para después irse molesto a su habitación, mientras que Eva solo se quedaba mirando hacia la nada.
Era la primera vez que su esposo le hablaba de esa forma, o mejor dicho que su matrimonio se desmoronara de una forma lenta y paulatinamente.
Puesto que Marcelo se sentaba en el balcón de su departamento, quería estar solo o mejor dicho desde que Violeta se había ido, añoraba estar a solas, aunque tuviese a Karen a su lado, él no la amaba, le tenía cariño aprecio, pero no le tenía amor aquella palabra que ella si tenía lo amaba demasiado que no permitiría perderlo menos por un fantasma que tanto le estaba atormentando llamada Violeta Ferrara el viejo y gran amor de Marcelo