Puesto que Marcelo se sentaba en el balcón de su departamento, quería estar solo o mejor dicho desde que Violeta se había ido, añoraba estar a solas, aunque tuviese a Karen a su lado, él no la amaba, le tenía cariño aprecio, pero no le tenía amor aquella palabra que ella si tenía lo amaba demasiado que no permitiría perderlo menos por un fantasma que tanto le estaba atormentando llamada Violeta Ferrara el viejo y gran amor de Marcelo... Al llegar la noche, Karen se prepara para cenar con Marcelo, se quita su ropa para posteriormente ponerse su bata y así seducirlo. ― Mi amor tengo un regalo que darte ― le dijo Karen sonriendo un poco haciendo que él solo negara con la cabeza. ― Ahora no Karen ― hablo Marcelo sobándose el cuello. ― Siempre lo mismo contigo ― le dijo Karen cruzándose

