— ¿Y ese regalo hermanita? El arte no es lo tuyo, pero el regalo es muy lindo —dice mi hermana en cuanto subo al auto, cargando un lienzo con manchas de pintura como regalo de cumpleaños para mi madre.
— Hola Cristian —ignoro el comentario de mi hermana. Cristian es su novio, va en el asiento del copiloto cargando el pastel de cumpleaños para mi madre.
— ¿Cómo ha sido el regreso al trabajo? —me pregunta él alegre.
— Si te contara…—empiezo, pero me callo. No quiero hablar de todas las discusiones que he tenido con ese tarado.
— No tan bueno al parecer —replica Cristian riendo un poco— ya te acostumbrarás, estuviste bastante afuera. Me alegra verte bien.
— Gracias Cristian…—digo sincera— y tú, ¿qué cuentas?
— Muchísimo trabajo, me han ascendido a Jefe de informática.
— ¡Felicitaciones! Oli, no me habías contado…
Cristian trabaja en el área de informática de un Banco. Es demasiado inteligente y tierno con mi hermana. Me encantan juntos.
Mi hermana me ignora, va concentrada conduciendo.
— Lucas dijo que llegaría ayer de su viaje, así que nos encontraríamos allá —habla Olivia de pronto.
— Creo que mamá dijo a las 2 de la tarde, Oli…
— No, dijo a las 12, no a las 2…
— Está bien, está bien… —respondo.
Al llegar a la casa de mi madre, donde vivíamos todos cuando éramos más pequeños, veo a Lucas. Está apoyado en su auto con lentes oscuros viendo algo en su celular, esperándonos. Eso es resaca, lo conozco.
— ¿Cómo está la hermana más linda y guapa del mundo? …—camina hacia mi sonriendo y extendiendo sus brazos cuando nos ve bajar.
— Tienes otra hermana Lucas…—alega Olivia, poniendo sus ojos en blanco.
— Pero me cae mejor esta hermana, y es menos odiosa…—le responde mientras me aprieta. Escucho como Cristian se ríe de nosotros.
Caminamos los cuatro juntos a la puerta de entrada. Lucas abre con la llave que aún tiene y entramos a la casa. Pero no pasan más de diez segundos para ver pasar a mi madre SIN ROPA.
Sí, pensé que mi madre estaba un poco loca. Pero nunca la había visto así. Camina como si nada por el cuarto de estar.
— ¡MAMÁ! —gritamos todos al mismo tiempo. Lucas se tapa los ojos con las manos, Olivia le tapa los ojos a Cristian, que lleva el pastel en sus manos y yo tapo los míos.
— Pero si el cuerpo es arte, ¿acaso no les enseñé nada? —sigue caminando hacia su habitación—. Y es lo más natural del mundo, así llegamos aquí. Iré a ponerme algo encima para no incomodar a Cristian.
— ¿Y nosotros mamá? —pregunta Lucas con los ojos tapados aún.
— Eres mi hijo, saliste de mí. Además, les dije a las 2 de la tarde, no a las 12…¡Y vivo sola! —nos grita riendo y desaparece por la puerta de su habitación.
— Te lo dije, Oli... —la reprendo bajando mis manos.
— Mamá está cada día más loca…—dice Olivia, entre risas.
Finalmente los tres nos largamos a reír, la conocemos. El más incómodo ahí es el pobre Cristian.
Creo que le está haciendo mal vivir sola a mi madre. Olivia tiene razón, está cada día más loca.
Nos sentamos en los sillones, ellos con una cerveza, yo con un vaso de jugo, esperando que mi madre aparezca vestida. Seguimos riéndonos de su locura, bromeando y preguntándonos si no estará empezando algún tipo de demencia.
Pero no. Es joven, no es la edad. Estoy segura. Ella simplemente es así.
Después de la llegada de mi tío Edgard, sin la compañía de Ruth esta vez, nos sentamos a la mesa. Mi papá suele venir, se llevan demasiado bien. Pero está de viaje.
El almuerzo de los 6 es uno como cualquiera. Casi. Falta Daniel a mi lado. Lucas cuenta historias sobre su último viaje a Brasil y las fiestas increíbles a las que fue, mientras Olivia lo reprende y le pregunta cuándo piensa ir a trabajar. Yo no participo demasiado de la conversación, sigo pensando en Daniel, que debiera estar sentado junto a mí.
Es la primera vez que tenemos un almuerzo familiar, sin él.
Florencia, la empleada que trabaja en la casa tiene una cantidad enorme de comida para nosotros. Pero no tengo hambre. Estoy perdida, pensando dentro de una nebulosa.
— ¿Cuándo tienes tiempo Vic? —me pregunta mi madre, interrumpiendo mis pensamientos.
— ¿Para qué, mamá?
— Vives en las nubes hija…—amm, creo que vivo más apegada a la tierra que ella, pero no lo diré en voz alta— para nuestra sesión…
— ¿Sesión de qué?
— De lo que estábamos hablando. Haré una exposición de pinturas de cuerpos desnudos. Quiero que tu hermana y tú sean de mis modelos.
¿ES UNA BROMA?
— Mamá, creo que esta vez voy a pasar de ser tu modelo. Estoy segura que Olivia lo hará con gusto…—le dirijo una mirada burlona a mi hermana, quien me devuelve una fulminándome.
— No creo mamá, tengo poco tiempo… —responde Olivia, cortando con furia un pedazo de papa que tiene en su plato.
— Si quieres puedo ser yo tu modelo mamá —Lucas afirma comiendo un pedazo de pollo. Mi hermano está igual o más loco que ella.
— No hijo, esto es sólo de cuerpos de mujeres. Es que es tan armonioso, tan lindo...—asegura en un suspiro, feliz— la exposición será en un par de meses.
Creo que me declararé enferma ese día. Sí, eso. Me muero de vergüenza ir a verla, aunque la exposición sea de mi madre. Se le terminaron de salir todos los tornillos. Lo más probable es que nunca los encontremos.
Veo de reojo a mi tío Edgard, que lucha con todas sus fuerzas por no ponerse a reír. Mi papá llegará en unas dos semanas para pasar la Navidad con nosotros.
Siguen hablando sobre la comida y otras cosas. Trato de integrarme a la conversación, pero no estoy concentrada.
De pronto mi hermana se pone de pie con su copa, y la sigue Cristian.
— Familia... —empieza, aclarándose nerviosa la garganta— tenemos algo muy importante que comunicarles. Cristian me ha pedido que sea su esposa, y acepté —la sonrisa de mi hermana y las miraditas cómplices entre ambos son tan lindas, se ven tan felices…
Ahora me doy cuenta. Tiene puesto un anillo precioso, un cintillo de brillantes en el dedo anular de su mano izquierda. No lo vi cuando veníamos en camino.
Todos se ponen de pie de inmediato para felicitarlos. Yo también lo hago, sé que tengo que estar feliz por mi hermana. Pero no puedo evitarlo, me pone triste. Con Daniel siempre quisimos casarnos y tener muchos hijos. Teníamos todo planeado, juntos.
— Felicidades Oli. Vas a ser muy feliz, te lo mereces —le digo mientras la abrazo fuerte. Ella está dichosa, la sonrisa que tiene es gigante.
— Gracias hermanita… tú también lo serás, ya verás —replica.
Prefiero no responder y soltarla, para ir a abrazar a Cristian.
— Felicitaciones cuñadito, es la mejor mujer del mundo. Y si le haces algo, aquí estamos todos para defenderla —lo amenazo con una sonrisa. Fingida. Porque tengo pena, pero no quiero que se den cuenta.
— Sabes que tu hermana lo es todo para mí. No te preocupes por eso, Vic —responde con una sonrisa tan feliz que creo que le va a explotar la cara.
Mi mamá le pide a Flo que traiga una botella de champaña para celebrar. Están todos felices.
Mientras brindamos, Olivia con una felicidad indescriptible en su rostro, nos dice que se irán de vacaciones dos semanas juntos mañana a las Bahamas. Que estarán de vuelta para Navidad.
Estoy feliz por mi hermana. Se lo merece. Se merece todo en el mundo, si es la mejor hermana mayor. Y Cristian es realmente un muy buen hombre. Pero tengo ganas de irme de ahí.
Mi tío se da cuenta de ello y me pone suavemente un brazo sobre el hombro.
— ¿Y si abrimos los regalos? —pregunta él, tratando de desviar un poco la conversación— no hay cumpleaños sin regalos…
— Siiii —empiezan a decir todos y a dirigirse a los sofás.
Sentados con copa en mano aún (la mía sigue llena de jugo de manzanas) nos disponemos alrededor de mi madre para que empiece a abrirlos.
El de Cristian es un pañuelo precioso. Mi hermano le ha regalado un juego de aros y colgante con piedras artesanales que ha traído de su viaje, de todo el gusto de mi mamá. Mi tío le ha regalado un vestido corte canesú precioso, floreado. Mi hermana un juego enorme de pinceles y acuarelas, que agradece feliz. Parece que esas acuarelas son difíciles de conseguir. Y finalmente, toma el mío.
— Hija, me emociona que estés usando los lienzos que te llevé —dice sonriendo emocionada mientras lo mira.
— ¿A quién querías asesinar cuando lo hiciste hermanita? Eso parece un intento de asesinato —pregunta burlándose Lucas y dándome un codazo. Mi hermano me conoce demasiado.
— A nadie, ¿acaso no puedo intentarlo también? No tengo el gen de mamá, pero hice lo que pude…
Mentira. Ayer estuve todo el día dándome vueltas indignada por mi departamento, hablando sola como loca después de cruzarme con el idiota de David en la mañana. Traté de descargar toda mi frustración…. tirando manchones de pintura sobre ese lienzo blanco.
Tampoco tenía ganas de salir de compras.
Algo sirvió para desquitarme, pero sigo molesta. Tengo que encontrar otras formas de descargar mi rabia. ¿Cómo puede ponerme de tan mal humor ese tipo? Es como si fuera capaz de hacer cualquier cosa con tal de verme enojada.
— Es arte abstracto, me gusta —me apoya Olivia mientras se acomoda más en los brazos de su novio.
— Es la expresión de sus sentimientos y la mejor terapia —afirma mi mamá risueña—. Me ha encantado Vic, ¡muchas gracias! —se levanta a darme un beso en la frente—. Estoy feliz de verte mejor, hija —se le asoman un par de lágrimas que logra esconder a tiempo. A mi también se me asoman algunas, pero creo que pasa desapercibido.
Seguimos un rato conversando sobre el viaje de mi hermana, molestando a Lucas por lo vago que es y sobre las clases de arte que mi mamá sigue dando a niños, mientras comemos pastel.
— ¿Y cómo ha sido esta primera semana de vuelta? —pregunta mi madre.
— Agotadora. Gente nueva, tratando de adaptarme-… —respondo con una sonrisa incómoda.
— Ya lo vas a lograr —dice mi tío, interrumpiéndome. No se ha movido de mi lado así que le doy una mirada de reojo. Quiero que saque a David de mi equipo y me deje trabajar tranquila. Y él lo sabe, pero no va a dar su brazo a torcer.
— Creo que es tarde, tengo cosas que terminar para mañana, mamá — afirmo poniéndome de pie para irme de ahí. Estoy cansada. Y necesito prepararme psicológicamente para el día de mañana, sé que será horrible de nuevo.
— ¿Y cómo te irás? Olivia se quedará a ayudarme con unas cosas…
— Yo la llevo —responde de inmediato mi tío, poniéndose de pie a mi lado.
No me va a dejar tranquila. Sé que le preocupo, soy su sobrina predilecta.
— Mamá, dale las gracias a Flo. Todo estaba delicioso.
***
El viaje de vuelta con mi tío es incómodo y no suele ser así. Es que estoy molesta con él aún. Además, sigo pensando en el próximo matrimonio de mi hermana.
Ni siquiera su chofer se atreve a hablar. Sólo enciende la radio.
— ¿Cuándo tendrás autorización para conducir? —pregunta de pronto mi tío.
— No lo sé, espero que pronto…
No volvemos a decir nada más, hasta que se detiene en la entrada de mi edificio. Empiezo a sacarme el cinturón de seguridad y tomo mi bolso.
— Muchas gracias por tra-… —me interrumpe él con su brazo, empujándome de vuelta al asiento.
— ¿Ese auto n***o siempre está ahí?
— ¿Cuál?
— Ese que está al frente Victoria. ¿Siempre está acá?
— No sé, no me he fijado. ¿Qué pasa?
Se queda en silencio pensando.
— Nada Victoria, hablamos mañana. Descansa —se acerca a darme un beso en la cabeza sin sacarle los ojos de encima a ese auto, que de pronto enciende el motor y se va.
Paranoias de mi tío. Cosas de él.
Al entrar al departamento casi muero de la impresión y la rabia. Explotaron dos cojines del sofá, hay pipí por todas partes y el pequeño árbol de navidad que había puesto Susanna en una mesa lateral está en el piso, mordisqueado. Ahora es sólo una vara con un par de ramas colgantes y babosas. Y hay adornos navideños a medio comer por todas partes.
— ¡Hermes, qué hiciste! —le grito.
Lo único que hace es sentarse al frente mío y mover su colita. Esos ojitos negros me manipulan como quieren.
Esto me pasa por dejarlo solo. Fue su primer día solo aquí en el departamento.
Es un perro, Victoria. No tiene idea qué hizo.
Resignada y suspirando, me pongo a limpiar el desastre de Hermes, mientras él come feliz su comida y me voy a acostar. Me sigue de inmediato.
No puedo dejar repasar lo que pasó el día de hoy. Se notaba demasiado que hice ese cuadro enojada y desquitándome. Lucas se dio cuenta. No volveré a hacerlo, hoy quedó claro que es un pésimo regalo si lo hice yo.
Pero no tengo sueño, no paro de darme vueltas en la cama. Con el compromiso de mi hermana, no puedo dejar de pensar en Daniel y en los mil planes que teníamos juntos.
Nunca más amaré a otra persona. Nadie será como mi Daniel.
Mi foco de ahora en adelante será el trabajo. Sólo trabajar por la empresa y por mi familia. Y no dejar a Hermes solo tanto tiempo, es un peligro.
Este mes va a ser más duro de lo que alguna vez pude imaginar. En realidad, ni en mis peores sueños lo imaginé.
Mi primera navidad sin él.