Se sobresaltó. Ese mismo día, Jake había pensado que podría amar a Holly, pero ahora mismo apenas recordaba por qué. Allí, entre sus brazos, estaba lo más parecido a un sueño hecho realidad que jamás había experimentado, a pesar de tener las bolas literalmente azules. Bajó la mirada al suelo. Ella le puso un dedo bajo la barbilla y la levantó hasta que quedaron a la altura de los ojos. —Hoy, Jake—, repitió. —Ese es tu sacrificio personal. Hazlo, y será como si nada hubiera pasado. Solo te perderás un partido, y volveremos a ser como antes, y volverás a ganar. ¿No lo deseas? Una vez que todo —le acarició suavemente los testículos— vuelva a funcionar correctamente—. —Terminaré con Holly. Hoy—, exhaló. Le dolió decirlo en voz alta. —Pero quiero que lo admitas—. —¿Admitir qué?— preguntó ell

