La mano de Damon comenzó a deslizarse por su espalda, acariciándola suavemente mientras sus labios se acercaban a los de Freya. Ella sintió sus dedos recorrer la tela de su vestido, subiendo poco a poco hasta llegar a sus hombros y deslizarse por ellos, dejando al descubierto su piel. Freya retuvo el aliento mientras el vestido caía a sus pies, dejándola solo en su sujetador y bragas. Damon la miró de arriba abajo, su expresión llena de deseo y posesión. Sus manos viajaron por su cintura hasta llegar a su trasero, apretándolo suavemente mientras sus labios se posaban en el cuello de Freya. Ella gimió, sintiendo cómo el calor de su cuerpo invadía el suyo, cómo sus manos recorrían cada centímetro de su piel con una lentitud que la volvía loca. —Te deseo, Freya —susurró Damon en su oído, ha

