A pesar de que Isabel les había arruinado la tarde, Damon se había cambiado rápidamente y habían compartido una comida en silencio. Freya notó que él se servía la comida sin prestar demasiada atención, su mente claramente distante. Los sabores que antes solían ser agradables parecían haberse desvanecido, y el ambiente que antes era cálido se había tornado en un frío campo de batalla de pensamientos no expresados. Freya trató de concentrarse en el plato frente a ella, pero no podía evitar que sus pensamientos se desviaran hacia la situación en la que se encontraban. La noticia del ultimátum de Isabel pesaba sobre ella, y cada vez se le hacía más complicado entender por qué Damon se empecinaba en seguir con la farsa de su matrimonio. —Deberíamos… —comenzó a decir, buscando las palabras a

